Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

Capítulo xliii. En que trata de cómo Guaina Capac edificó los edifiçios del balle de Yucay e hizo yr el río por otro curso y madre que solía yr; y después desto se fue a visitar la provinçia de Vilcas. Buelto que fue Guaina Capac de esta visita que ya os emos contado a la çiudad del Cuzco, mandó que de toda la tierra viniesen çient mil yndios y los más que ser pudiesen y luego fue su mando a todas las provinçias y dentro de seis meses se juntaron çiento y çinquenta mil yndios en la çiudad del Cuzco. Y como el Ynga los viese, mandó a los señores del Cuzco que se fuesen con aquella gente y la llevasen al balle de Yucay y él ansimismo fue con ellos y luego puso en obra en adereçar del balle e hizo que el río fuese hechado por la parte de hazia el Cuzco, haziéndole fortalezer y haziéndole madre por do fuese. Y por la parte que el río yba, hizo derribar los çerros y allanarlos y ansí hizo el balle llano y de manera que en él se senbrase y cog[i]ese y hizo que en él se edificasen ya casas ya [a]posentos do él se fuese a recrear, en el qual valle dio estançias a los señores del Cuzco, ansí a los bivos como a los muertos que estavan en bultos, para que allí pusiesen sus yanaconas, moços de su serviçio, para que les labrasen sus berduras y ortalizas y cosas de sus recreaçiones. Y allí hizo Guaina Capac que se edificasen muchos pueblos pequeños de a veinte y a treinta y çinquenta yndios, en los quales pueblos puso muchos yndios mitimaes de todas las naçiones y provinçias de la tierra; mitimaes, dize gente traspuesta de su natural, para que allí, do heran puestos [f. 90v] residiesen para sienpre ellos y sus diçindientes. Y esto hecho y acavado fuese a la çiudad del Cuzco, donde después de averse holgado en ella dio horden para yr a visitar a Vilcas y su provinçia a se holgar y recrear y ansí se salió. Y como llegase a ella vio y bisitó los pueblos y comarcas en torno della, por la qual andubo haziendo mucho bien a todos chicos y grandes y como mejor podía y sienpre mostrándoseles afable y sin ninguna presunçión, por donde se publicó en toda la tierra. Y todos le amavan y querían en demasiada manera por ser tan afable y franco, ansí con los grandes como con los pequeños; y tan atento estava quando algún pobre yndio venía a hablar con él, como con su caçique. 294

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