Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

esquadrón, ansí hombres como mugeres, todos los quales venían puestos de luto, untados los rostros en la manera ya dicha y llorando en alta boz y tocando sus atanbores bien ansí como el Ynga yba y la demás su gente. Y como llegasen do el Ynga venía, alçaron su llanto muy mayor que el que hasta allí trayan y cantaron un cantar en el qual se contenía todos los hechos que aquel señor avía hecho mientras avía vivido. Y esto acavado, los señores del Cuzco hizieron su acatamiento al Ynga cada uno por sí y él los resçebía begninamente [sic], diziendo a cada uno que fuese bienbenido y que qué tal estava él y su cassa. Y esto acavado, mandó el Ynga que todos los de la çiudad, bien ansí como venían, mandándoles que aparejasen aquella noche todo lo nesçessario porque desde otro día quería que se començasen los llantos que se avían de hazer por su hermano, según que hera su costumbre, los quales se avían de hazer de aquel arte y manera que se hizieron quando su padre Ynga Yupangue murió. E ansí se partieron estos señores con lo ya proveydo y fuéronse ansí en su horden cantando y llorando la muerte de Yamque Yupanque. Y dende a un rato que los de la çiudad entraron en ella entró el Ynga y luego como entró fuese derechamente a las casas de Yamque Yupangue, do halló su cuerpo que ya le tenían vestido e adereçado según según [sic] que avía de ser enterrado. E ansimesmo halló los de su casa que hazían el sentimiento e ayuno, según que avía quedado hordenado por su padre. Y siendo el tienpo llegado de su enterramiento, le hizo enterrar según que el cuerpo de su padre e ansimesmo le hizo hazer un bulto de oro, el qual se puso ençima de su sepulcro, al qual bulto de oro él mismo por sus manos le puso una borla ençima de su cabeça, según que la que él traya en la suya; y de sus uñas y cavellos hizo que le hiziesen un bulto según que el de su padre, a quien [f. 82] la gente reverençiasse. Porque abrán de saber que mientras estos señores bivían heran acatodos [sic: acatados] y reverençiados como a hijos del sol; y, después de muertos, sus bultos heran acatados y reverençiados como dioses y ansí se les hazía delante sacrifiçios como se hazía delante sacrifiçios [sic] como se hazía al bulto del sol. Y acabadas de hazer sus çerimonias y ritos que ellos acostunbravan a hazer, según que su padre hordenó, y la fiesta llamada purucaya, que significa casi a canonizar, con la qual tenían ya al tal muerto por santo. Siendo ya acavadas estas gentilidades, Topa Ynga Yupangue mandó que truxesen ante él un hijo que este señor Yamque Yupangue dejó, al qual 276

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