ya los tuviese paçíficos preguntó que de dónde avían avido tanta riqueza de oro y ellos le dijeron que de unas minas que tenían. Y ansí el Ynga, tomádole codiçia de las ver fue a ellas y biolas. Y preguntando qué gentes avía de allí adelante y qué harte de tierra hera; dixéronle que diez jornadas de allí avía un río que se dezía Maule, que hasta allí avía alguna poblaz[i]ón y que pasado aquel río y andadas otras seis jornadas avía mucha y muy gran cantidad de gente y que poseyan unas obejas pequeñas y que hera gente muy bien tratada. Y como él tuviesse esta notiçia, tomándole codiçia de pasar adelante e ansí mandó partir su canpo de allí y ya que uvo andado quinze o veinte leguas paró allí y enbió a sus capitanes con çierta cantidad de gente a que biesen qué anchura hera la del río y qué arte tenía. Los capitanes [f. 79] fueron y bieron el río y bolvieron a su señor y dijéronle que hera un río ancho y poblado en partes de alguna gente. El Ynga les dijo que ya avía mucho tienpo que avían salido de la çiudad del Cuzco y que ya avían visto lo que hasta allí avía, que le paresçía que de allí se debían de bolver; y los capitanes, como ya tuviesen deseo de ver la buelta y de tornar a su pueblo, dijéronle que lo que a él le paresçía, les paresçía a ellos. E ansí se bolvió el Ynga al [sic: del] pueblo de Chile. 271
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