Yamque Yupangue sus mensajeros, por los quales le hizo saber todo lo que hasta allí le avía subçedido y cómo pensava pasar adelante y que llegados que fuesen aquellos mensajeros a la çiudad del Cuzco le hiziesen muchos y muy grandes sacrifiçios a sus ydolos y dándoles çiertas joyas y cosas que llevasen a Yamque Yupangue. Despachó este señor estos mensajeros, les hazía saber la nueba y razón a Yamque Yupangue e a los demás señores del Cuzco, de la qual nueba toda la çiudad reçibió gran contentamiento y luego fueron puestos por obra los sacrifiçios y fiestas que ansí avía mandado Topa Ynga Yupangue que se hiziessen. E esto hecho Yamque Yupangue enbió sus mensajeros a sus hermanos a todas las provinçias do heran governadores, por los quales mensajeros les hazía saber la nueba y buen suçeso de Topa Ynga Yupangue y mandoles que mandasen hazer por todos los pueblos y provinçias que ansí tenían a cargo grandes regozijos y sacrifiçios a los ydolos que ansí tenían en cada provinçia por el buen suçeso de su señor y hermano. Todo lo qual ansí fue hecho. Y bolviendo a dezir de Topa Ynga Yupangue y de su jornada, como uviese despachado los mensajeros que ya avéis oydo a la çiudad del Cuzco, mandó a sus capitanes que adereçasen [f. 78v] su campo y gente de guerra porque otro día pensava partir de allí en demanda de los chiriguanaes, una provinçia que él tenía notiçia que hera gran gente. E ansí otro día se partió él y su campo y llegaron a la provinçia ya dicha, con los quales tubo su batalla y recuentro [sic]. Y avido dellos vitoria y dejándolos subjetos y debajo de su dominio, passó adelante e allí tubo notiçia de la provinçia de los suries y mandó encaminar su campo para allá. Y como a ellos llegase tubo con ellos su batalla y recuentro [sic] e al fin los vençió y subjetó. La qual provinçia es de grandes montañas y tierras, do ay muchos abestruzes y la más ropa que los naturales desta provinçia visten es de pluma de aquellos abestruzes. Y como ya tubiese subjetos éstos y esta naçión de los suries, pasó adelante y llegó a un río grande que dizen ser el de la Plata. Y como a él llegase y le viese tan ancho, no le pasó; fuese por a vera dél hasta que llegó a sus naçimientos, que dizen ser a las espaldas de Chile, hazia do el sol sale. Y como allí fuese, pasó este río por los naçimientos y tomando a la man[o] derecha, ansí como yba pasó los puertos y cordilleras de niebe y montañas altas, sujetando y conquistando todo lo que ansí por delante hallava e ansí llegó a la provinçia de Chile y halló en ella gente muy belicossa y muy rica y próspera de oro. E avido con ellos su recuentro [sic], sujetolos. Y como 270
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