Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

día y la noche llegada ybanse a sus rancherías [f. 67] y otro día en la mañana paresçían delante del Ynga desnudos en cueros según su usança; y como el Ynga los viese reyase y prosupuso [sic] de traellos todos los que ansí uviese de guerra y de paz a la çiudad del Cuzco. Y mandó yr su gente por la una parte y por la otra ansí en ala, porque es la tierra montuossa y muy espessa y de grandes ríos y quebradas y afín de dos cosas, la una que tierra hera falta de comida y yendo la gente de aquella manera no podría la gente los unos o los otros de topar con comida; y la otra que yendo ansí todos derramados los unos o los otros toparían con gente por aquellos montes porque por ellos no avía caminos ni se devisavan pueblos. Y desta manera andubo por aquellos montes y provinçias de los andes, conquistando los que se le mostravan de guerra y haziendo bien a los que se le mostravan de paz, hasta tanto que sus capitanes le dijeron que para lo que avía que conquistar por allí bastava lo que ansí avían andado y bisto porque los capitanes no entendían en otra cossa sino en yr haziendo caminos y talando mo[n]tes por orden del Ynga, yban sienpre en andas, la demás gente buscando comida y quando ansí topavan algunas gentes en breve los asían a ellos y a sus caçiques. Y como el Ynga viese que ya hera tienpo de se bolver y que no tenía notiçia de que uviese muy muchas gentes de allí adelante y que ya la gente que ansí llevava le encomençava a adoleçer, dio la buelta para la çiudad del Cuzco, en la qual metió muy muchos de los animalejos y papagayos de los ya contados y algún oro en polvo y algunos tigres y culebrones, amaro, que ellos llaman, y algunos pocos prisioneros y otros que ansimismo le salieron de paz, en la qual jornada él andubo dos años. Y como bolviese al Cuzco halló a su padre bivo y bueno por el gran cuidado que dél tenía su hermano y ansí entró triunfando según que hera su uso y costumbre. Y como llegase a do su padre estava, hízole su acatamiento y púsole delante lo que ansí avía avido en aquella enpressa y rogole que se lo pisase. E Ynga Yupangue dijo a dos señores hijos suyos de los que allí estavan que le lebantasen en peso, que quería pisar aquello y honrar a su hijo y açeptarle el serviçio que le avía hecho; y ansimismo mandó a Yamque Yupangue que él lo pisase tanbién y ansí lo hizo como señor que hera [f. 67v] ansimismo. Y luego mandó Yamque Yupangue que los tígueres [sic] y amaros fuesen hechados en las casas de las fieras y juntamente con ellas los prisioneros que ansí avían traydo; y ansimismo mandó a los señores que hiziesen los sacrifiçios y fiestas que se solía hazer quando ansí se entrava triunfando. 247

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