Juan de Betanzos y el Tahuantinsuyo

qual nueba mandó el Ynga allí en su consulta que fuese oculta y secreta y ansí los mensajeros se partieron y el Ynga y los suyos salieron de su consulta. Y luego dieron horden todos ellos y cada uno por sí de se proveher y adereçar y las armas y proveimientos que para la tal jornada les hera nesçessario. Y ya cunplidos los tres meses y en fin dellos, la gente de guerra fue llegada a la çiudad, donde el Ynga mandó hazer su reseña y halló que heran por todos çiento y çinquenta mil hombres sin la demás gente de serviçio que ansí trayan. Y como ya el Ynga [f. 49v] estuviese adereçado y los suyos paresçiéndole que tenía gente bastante para hazer su jornada; y luego otro día hizo sus sacrifiçios a sus ydolos según que él tenía de uso y de costumbre y tomando su ydolo de batallas que él tenía, según ya os diximos, se partió en demanda de este señor de Atuncolla a la provinçia de Collasuyo, donde como ansí fuese conquistó y subjetó los pueblos y provinçias que ansí en el camino hallava. Y como el de Hatuncolla tuviese nueba que el tal poder de gente yva sobre él, hizo junta de los suyos, donde dizen que juntó más de doçientos mil hombres de guerra, con los quales esperó en el su pueblo de Hatuncolla, donde como llegase el Ynga dio su batalla, la qual fue tan porfiada e reñida, que como la començasen por la mañana no pudieron conosçer della vitoria hasta ya hora de bísperas, en la qual batalla dizen aver muerto de una parte y de otra más de çien mil hombres y al fin della fue conoçida vitoria por el Ynga y los suyos. En la qual batalla fue preso y muerto aquel señor de Atuncolla, la cabeça del qual mandó el Ynga que fuese adereçada de manera que no se dañase; y a los demás señores que allí fueron avidos, mandó que fuesen presos y bien atados y puestos a recaudo y ansimesmo mandó que nadie fuese osado de enterrar ningún cuerpo de los de los [sic] enemigos; e ansimesmo mandó que todo el despojo de ganados y ropas y joyas de oro y plata y pieças de yndios e yndias de serviçio que allí heran avidas, a las quales ellos llaman piñas, que todo fuese recogido y puesto a recaudo porque hera mucho y en muy gran cantidad. Y como viniese la [testado: otra] noche, el Ynga se fue a reposar y todos los suyos, aviendo ya puesto recaudo en todo lo ya dicho y aviendo reparado los heridos que allí avían sido e ansí reposaron aquella noche porque avían quedado bien cansados del día passado. E luego otro día de mañana tomaron los cuerpos de los amigos y pusiéronlos en sepulcros, no para pensar de dejallos allí sino para que estuviesen allí algún tanto de 209

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx