E llegados que fueron a la çiudad del Cuzco, hizieron su acatamiento al Ynga en esta manera porque esta hera la usança que se tenía quando delante se vían, que como delante dél fuesen alçaban las manos e rostros al sol haziéndoles sus mochas e acatamiento, e luego ansimismo las hazían al Ynga ni más ne [sic] menos, y las palabras que ansí le dezían quando ansí le saludavan heran que le dezían [f. 25] hijo del sol amoroso y amigable a los pobres; e esto dicho poníanle delante sus presentes que ansí le trayan e luego le sacrificavan çiertas obejas e corderos delante dél con todo respecto e acatamiento como a hijo del sol. Y esto ansí hecho, el Ynga los saludava diziendo que fuesen bienvenidos e preguntándoles si venían buenos e si lo estavan ansimismo en sus tierras; todo lo qual que aveys oydo hizieron estos señores caçiques con Ynga Yupangue quando delante dél se vieron; y él ansimismo les respondió e dijo lo que avéis oydo e díjoles que diesen aquello que ansí trayan a aquellos señores del Cuzco que allí estavan. E ansí se salieron de donde el Ynga estava y ellos y aquellos señores del Cuzco fueron donde los depósitos heran e pusieron todo el mantenimiento que trayan a recaudo. Y después de se aver holgado con el Ynga e con los señores del Cuzco çinco días en sus fiestas e regozijos, Ynga Yupangue les dijo lo que pensava hazer e cómo quería reparar e fortalezer aquellas beras de aquellos dos arroyos que por la çiudad pasavan, contándoles el perjuizio que la çiudad de los tales arroyos resçebía. Y ellos dijeron que estavan prestos para hazer todo aquello que por él les fuese mandado, que les dijese en la manera que en ello se avía de tener porque proveherían lo que para ello fuese neçesario. E ansí Ynga Yupangue le señaló los naçimientos de los arroyos y desde donde a él le paresçió que avía de començar los tales fortaleçimientos y reparos hasta la junta de los dos arroyos, que es el remate de la çiudad do ellos llaman Pumo [sic: Puma] Chupa, que dize cola de león. E de allí mandó que este fortaleçimiento e reparo llegase hasta Mohina, que es quatro leguas de esta çiudad. E ansí los señores caçiques midieron con sus cordeles el espaçio que avía desde el encomienço de donde les mandava Ynga Yupangue que començasen hasta la junta de los dos arroyos; e ansí medido repartieron entre sí la parte que a cada uno le cabía del edifiçio que ansí avían de hazer. Y esto hecho, mandoles Ynga Yupangue que hiziesen traer mucha piedra tosca porque de piedra tosca avía de ser el reparo e que la mezcla que avía de entrar entre piedra, que mirasen que avían de ser de un barro pegajoso, que ya que el agua lo mojase que no lo despegase, y que antes estriben las piedras más 164
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