tirasol, techo de pluma de abestruzes teñidas de colorado; bevía en basos de oro y ansimismo heran las demás basijas de oro del serviçio de su cassa. Tenía muy muchas mugeres, de todo lo qual hera muy ageno Ynga Yupangue, por ser como ya avéis oydo aborresçido de su padre y tener amor a Ynga Urco. Y ansí, quando vido Viracocha Ynga que se avía quedado Ynga Yupangue en la çiudad del Cuzco, holgosse dello pensando que allí acabara sus días, e quando le enbió a pedir el socorro que ya avéis oydo, no le quiso socorrer. E apartándose Ynga Yupangue de sus conpañeros la noche que ya la ystoria os a contado, dizen que se fue a çierta parte do ninguno de los suyos le viesen, espaçio de dos tiros de honda de la çiudad, e que allí se puso en oraçión al hazedor de todas las cossas que ellos llaman Viracocha Pacha Yachachic, y que estando en su oraçión, que dezía en esta manera: Señor dios que me hiziste e diste ser de hombre, socórreme en esta nesçesidad en que estoy, pues tú eres mi padre y tú me formaste y diste ser y forma de hombre; no permitas que yo sea muerto por mis enemigos; dame favor contra ellos, no permitas que yo sea subjeto dellos y pues tú me hiziste libre y solo a ti subjeto, no permitas que yo sea subjeto de estas gentes que ansí me quieren subjetar y meter en servidunbre; dame señor poder para podellos resistir y haz de mí a tu voluntad pues soy tuyo. [f. 12] Que quando estas razones dezíalas llorando de todo coraçón; e que estando en su oraçión se cayó adormido [sic], siendo vençido del sueño y que estando en su sueño vino a él el Viracocha en figura de hombre y que le dijo: Hijo, no tengas pena que yo te enbiaré el día que a batalla estuvieres con tus enemigos, gente con que los desbarates e quedes vitoriosso. E que Ynga Yupangue entonçes recordó deste sueño, alegre tomó ánimo y que se fue a los suyos y que les dijo que estuviesen alegres porque él lo estava e que no tuviesen temor, que no serían vençidos de sus enemigos, que él tenía gente quando menester la uviesse; e que no les quiso dezir otra cossa de qué, ni de cómo, ni de dónde, aunque ellos se lo ynterrogaron. Y que de allí adelante cada noche se apartaba de sus compañeros e se yva al sitio do su oraçión avía hecho, a do siempre la continuó a hazer ni más ni menos que la primer vez la hizo y no para que le viniesse cada noche el sieño [sic: sueño], que la primera más de que la postrer noche, que estando él en su oraçión que tornó a él el Viracocha en figura de honbre y estando despierto y que le dijo: Hijo, mañana te bernán tus enemigos a dar batalla; yo te socorreré con gente para que lo desbarates y quedes bitoriosso. 135
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