94 César Castro los Estados Unidos, durante un año académico. En su calidad de bibliotecario de la universidad (cargo equivalente al de director de biblioteca), en un primer momento, Basadre habría pensado proponer como candidato a esa beca a uno de sus colaboradores ya que él, personalmente, no consideraba factible presentarse tanto por la carga de trabajo que tenía comprometido en la universidad —profesor en dos facultades, bibliotecario e investigador— como por la duración de la beca. Pero, un encuentro fortuito con el arqueólogo Julio C. Tello, a la sazón catedrático y director del Museo de Arqueología de la Universidad de San Marcos, con estudios y experiencia en el quehacer bibliotecario,39 intelectual de prestigio nacional e internacional y amigo entrañable de Basadre, terminó por animarlo para que él sea quien postule a esa beca, ya que era una gran oportunidad para consolidar su formación como bibliotecario, al tiempo de conocer y establecer contactos con instituciones y profesionales de los Estados Unidos de América. En una entrevista que recoge Noé Jave, Basadre recordará pasajes de aquel decisivo diálogo con Tello en relación con la referida beca, lo que años después reconocerá como el hecho que cambió su vida: «Tello me dijo: ¡Vaya usted! ¿Qué sabe usted de organización de bibliotecas siendo director de la Biblioteca de San Marcos? No sé nada le dije. ¡Vaya usted! y aprenda... como un alumno, ninguna edad es adversa a la posibilidad de que uno esté aprendiendo, uno debe aprender toda su vida... Vaya usted, tome esa beca […] y además, conocerá usted el mundo académico, el mundo universitario de otros lugares más avanzados hacia la ciencia que el Perú» (Jave, 1983, p. 24). 39 Julio C. Tello estudió un curso sobre Museos y Bibliotecas en Alemania en 1912 y laboró igualmente en la biblioteca del Museo de Arqueología.
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