330 César Castro entre universidad y Escuela de Bibliotecarios, pero manteniendo sus características propias, su identidad. Este tipo de vinculación, en el fondo, perseguía que la Escuela mantuviera su ligazón con la Biblioteca Nacional, para tener en ella el gran laboratorio de aprendizaje, al cual Basadre, como otros estudiosos del tema, consideró fundamental para la formación del futuro bibliotecario: «El contacto entre la Biblioteca y la Escuela parece tan obvio como el de la facultad de medicina y los hospitales», escribe Basadre en 1947, justificando al mismo tiempo el haber incluido en los planos de la Biblioteca Nacional ambientes para la Escuela de Lima («El primer experimento peruano [...]», Basadre, 1947, p. 5). En suma, esa fue la tesis primigenia de Basadre cuando en otros contextos se discutía sobre las ventajas o desventajas de esta alternativa, y quienes lo sucedieron en el cargo no la entendieron así. Además, esta opción es la que habrían internalizado los más cercanos colaboradores de Basadre, entre ellas, Carmen Ortiz de Zevallos, exsecretaria de la Escuela y profesora, quien al final del artículo que escribiera con Nelly MacKee, citado ya líneas arriba, hace una interesante anotación sobre el objetivo de ampliar el radio de acción de la Escuela, que implicaría una serie de modificaciones en su estructura interna y en la autonomía de la Biblioteca Nacional, pero sin cambiar de local. Es decir, tanto Basadre como los profesores y alumnos de la Escuela Nacional de Bibliotecarios eran conscientes de que esa institución debía vincularse con la universidad, no necesariamente en forma física, sino mediante el establecimiento de una suerte de federación que permitiera otorgar nivel universitario a sus estudios y ampliar su cobertura de acción a todo el país, pero siempre manteniendo su identidad primigenia, es decir, su ligazón con la Biblioteca Nacional, la biblioteca modélica que debía seguir siendo su gran centro de prácticas o laboratorio de aprendizaje. Este era el planteamiento que defendía Basadre, en consonancia con lo sostenido por otros prestigiosos estudiosos de las escuelas de bibliotecología norteamericanas, entre ellos Joseph L. Wheeler,
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