298 César Castro debería estar animado por un genuino interés por la profesión, porque aquel que no haya sido un lector apasionado de buena literatura desde los diez años, más o menos, y que no promete serlo hasta el fin de sus días, deberá ser disuadido, gentil, pero firmemente, de incorporarse a nuestra profesión». Postulantes admitidos Luego del riguroso proceso de admisión, serían admitidos veinticinco alumnos, de un total de 305 postulantes; es decir, el 8,2 %. De ese número diecinueve (76 %) mujeres y seis (24 %) varones, resultado que confirmaba además la preferencia femenina por la profesión bibliotecaria, tendencia que ya se advertía en otras escuelas de América Latina. Ahora bien, con el fin de hacer prevalecer la finalidad primigenia de la Escuela, esto es, la de proyectar sus servicios a las demás bibliotecas del país, a los veinticinco estudiantes admitidos a través del examen de ingreso, se añadió diez personas provenientes de diferentes instituciones nacionales,132 al margen del proceso de admisión ordinario, aceptadas previamente por la Comisión. De esta forma, las actividades se iniciarán con un total de 36 alumnos (Fénix, N.º 2, 1943, p. 343), aunque Aguayo, en su informes, habla de 37. Sobre la calidad de postulantes, tanto Basadre como Kilgour, en sus respectivos informes, destacan el buen nivel académico de los alumnos admitidos, ya que un gran porcentaje de ellos contaba con estudios superiores y además dominaban varias lenguas extranjeras, situación que se atribuía a su procedencia social, pues para el segundo de los nombrados la mayoría eran «las hijas de ciertas familias muy antiguas que estaban ansiosas por entrar en la profesión bibliotecaria, 132 Cuatro del Ministerio de Educación, cuatro de universidades (Mayor de San Marcos, Universidad del Cusco, Escuela de Ingenieros y Facultad de Medicina), dos de Colegios nacionales y uno del Servicio Social del Perú.
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