199 Jorge Basadre. Vida y obra del ilustre bibliotecario peruano Inventario del fondo bibliográfico y documental Una de las primeras acciones dispuestas por Basadre, ante la situación de emergencia en la que se encontraba la institución siniestrada, fue la identificación, limpieza e inventario de libros, manuscritos e impresos en general recuperados y salvados. Para ello se recurrió al personal antiguo de la Biblioteca (cinco), al «grupo de catalogadores»78 (ocho) y apoyo de personal enviado por otras reparticiones del Estado. Evidentemente, en esta actividad, como en las otras, la erudición de Basadre en cuanto a bibliografía, además de su conocimiento particular de los fondos de la Biblioteca Nacional,79 fueron elementos valiosos. Resulta impresionante, por ejemplo, cómo a los pocos días de haber asumido el cargo de director, en su primer informe al presidente de la república, le brindó detalles de los materiales salvados, sobre todo de aquellos que habían permanecido en el despacho del director, a donde, por fortuna, no llegó el fuego. También hace hincapié en aquellos materiales perdidos definitivamente, incluso en varios casos, citando referencias bibliográficas precisas, como lo hace en la siguiente comunicación: 78 Se trata del grupo de personas que realizaba la catalogación de los fondos de la Biblioteca Nacional, antes del incendio, por encargo especial de la Dirección de Educación Artística y Extensión Cultural del Ministerio de Educación y por iniciativa de su director, Manuel Beltroy. Este personal había sido entrenado previamente por una bibliotecaria americana en la biblioteca del Instituto Cultural Norteamericano, con sede en Lima. Luego, producido el incendio, ellos serían ratificados por Basadre, cuando menos de julio a diciembre de 1944 (Biblioteca Nacional, Archivo Central, Correspondencia 1943-1948. Of. Nº 14 del 10 de julio de 1944). 79 Según sus memorias, Basadre inicia su aventura en la Biblioteca Nacional con solo catorce o quince años, cuando no tenía edad suficiente para hacerlo formalmente, gracias a los buenos oficios de familiares y del director de ese entonces, Luis Ulloa. Un año después, a los dieciséis, empieza a laborar en ella, primero como voluntario y luego como empleado, leyendo y catalogando una valiosa colección de folletos; registrando los nuevos ingresos, y siempre en contacto con documentos. Así, con los años y siempre estimulado por obstinado interés por la investigación, se convertirá en un gran conocedor de los invalorables fondos de la primera biblioteca del país.
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