Institución Evolución Femenina: Exposición de principios. Estatutos
-4- Vamos á defender también, como ya lo enuncié, los ver- daderos y bien entendidos intereses y derechos de la mujer, entre los cuales colot.'amos en primer lugar el derecho á la instrucción, en la misma amplitud y condidories que el va. rón; es injusto y absurdo en una democracia, principalmen- te, que mientras centenares de hombres recihen instrucción media y profesional gratuita, ó con grandes facilidades en institutos oficiales, á la mujer no se le conceda más que la instrucción primaria y la preparación para maestras en la Escuela Normal de esta capital, y en la Escuela de Educan- das del Cuzco, pues los dos colegios secundarios para niñas que existen en toda la República, son deficientes en la ense· ñanza y 11úmero, como 10 dec1ara la comisión especial de instrucción en el proyecto de ley que ha formulado, hacien- do constar con justo criterio " .................. que no hay en el día necesidad más imperiosa en el ramo de segunda enseñan. za, que establecer en las principales capítales de departamen- tos colegios para mujeres, con secciones normales, comercia- les é industriales, que mantengan el nivel de la cultura feme· nina, y que abran campo á la mujer para la multitud de ocu. paciones en que pueda ejercitar provechosamente su activi- dad". Defenderemos el derecho al ejercicio de las profesiones li- berales y de los puestos oficiales ó particulares compatibles con sus aptitudes. El hombre, que en la ley se declara supe. rior, considerando á la mujer como á una menor eterna ó co- mo á una idiota incurable y que se yergue orgullosó con el título de Protector del sexo débil, simulando generosidad, acepta que su débil protegida consuma sus energías en las rudas labores del campo, en el trabajo aniquilador del ta- 11er ó de la fábrica, y en la tarea compleja y esforzada de la enseñanza; pero, ¡oh noble protector!, la rechaza de los pues- tos de honor, bien rentados y cómodos, mostrando irreba. tiblemente que sus pretendida generosa protección no tiene más objetivo que el ansia de acaparar los mejores puestos, pues si considerase á la mujer sinceramente un ser débil, de- licado, organizado para la vida tranquila y cómoda del ho- gar, se opondría también á que desempeñase duras tareas extenuativas, habría organizado las instituciones de tal mo- do que la mujer estuviese siempre positivamente amparada, á cubierto de la miseria ecnnómica. Pero imponerle la lucha por la existencia, exigir su con- tribución pecuniaria para la familia y para el Estado, y ne- garle las facilidades para que obtenga mayores ventajas, depreciando por el contrario su trabajo por solo el hecho de que es mujer, es un absurdo monstruoso, una injusticia iüícua. Penetrada de estas convicciones nuestra asociación sien-
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