cirlas tal cual en la ciudad de Lima. Lo que había podría ser considerado más una recreación de las mismas, en la que se tomaban sus elementos básicos, buscando conservar una cierta esencia, pero a partir de esto operando transformaciones que les daba a los socios una identidad de chavinillos «limeños». Un ejemplo de esto está en el baile de las pallas. Según los entrevistados, en Chavinillo esta danza dura varios días y se trata de una competencia entre «la capitana», que dirige a las pallas y Pizarro por la suerte de Atahualpa. Esto se corrobora al revisar los registros que se han hecho de esta danza en Huánuco (Domínguez 2003: 61-65). Pero en Lima no se presenta la danza completa, estando ausente, por ejemplo, la competencia de preguntas entre la "capitana'' y Pizarro. Pero no ha sido sólo una simplificación de la danza sino que la canción registrada en 2004, indica que a la letra del canto original de Huánuco había sido cambiada para adaptarla a la realidad del Centro Representativo. Esta «simplificación» o transformación de las danzas provincianas en las fiestas de los clubes de migrantes también ha sido registrada en otros casos (Núñez, 1985), por lo que parece tratarse de un fenómeno común. Así es como, en el caso de los migrantes de Chavinillo, se va generando una identidad propia en la ciudad, que los vincula a la comunidad de origen, pero a la vez los diferencia. Esto también puede verse en el caso de las fiestas de la asociación. Las relacionadas directamente con la comunidad y sus santos patrones no tienen mayor significado para el Centro Representativo. En cambio, se generó una con su propia patrona, la Virgen de Guadalupe, de origen mexicano y que nunca ha tenido fervor popular en el Perú. Si bien su presencia en el Centro Representativo se debió a un hecho casual, dado la cercanía de fechas entre su fiesta y la de fundación de la asociación, lo que fue advertido por un sacerdote vinculado al Centro Representativo, es importante notar que, aunque algunos lo cuestionaron, la mayoría de socios la aceptó. Sin embargo, la imagen original de la virgen, que es un cuadro, es muchas veces reemplazada por una escultura a la cual pueden llevar en procesión, colocarle un manto bordado, etc., tal como se hace en la comunidad. De esta forma, los migrantes no se adaptaron a la «cultura limeña», sino que fueron creando nuevos patrones culturales basados en la cultura de la comunidad de origen que fue recreada en el medio urbano de Lima. Una asociación de migrantes en la ciudad, como el Centro Representativo Chavinillo Huánuco, no aparece en la comunidad de origen y se traslada a la ciudad. Es después de un tiempo, cuando hay un grupo numeroso de socios y que estos han conseguido estabilizar su situación económica, que deciden reunirse en una asociación, al principio, participando en campeonatos deportivos con migrantes provenientes de otras zonas. Viéndolo desde ese punto de vista serían instituciones urbanas como lo han señalado Golte y Adams (1987) o Rivera (1989). Pero no urbanas en el sentido de «limeñas» sino del nuevo proceso urbano desarrollado por los migrantes provincianos quienes hicieron crecer a la ciudad a partir de la década de 1940. Las migraciones ya no pueden ser entendidas únicamente como el desplazamiento de lo «rural» a lo «urbano», lo «tradicional« a lo «moderno», lo «andino» a lo «occidental». Los migrantes no se adaptan simplemente a la cultura «limeña», sino que van construyendo sus identidades a partir de las tradiciones a las cuales fueron expuestos mientras residían en la comunidad de origen, de hondas raíces locales, así como elementos foráneos adquiridos durante el proceso de urbanización de la comunidad y su incorporación al creciente mercado nacional. Así, en el caso de los migrantes de Chavinillo, tomaron ciertos elementos representativos de su cultura, los adaptaron a la realidad limeña y construyeron un nuevo espacio urbano, que no fue enteramente limeño ni huanuqueño, y que tampoco fue el resultado del "mestizaje" entre los dos.
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