Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

74 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ tornáronse, días después, en suma (de enfermos y defunciones) ver– daderamente alarmante (36). Para reintegrarlas, tuvo San Martín que pedir, exigentemente, efectivos de todas las provincias peruanas libres, que acudieron a ese llamamiento con tanta rapidez como entusiasmo; muy principal– mente "los heroicos pueblos que componen hoy los departámentos de Ancash, La Libertad, Lambayeque, Piura, Cajamarca y Amazonas; pueblos que dos veces hicieron cuanto pudieron por salvar al Perú: en 1820, cuando San Martín desembarcó en Huacho; y en 1824, cuando Moyano entregó al rey los castillos "del Callao" (37). Así que el Ejército Libertador tornó a formarse, a "levantarse, con los pe– ruanos que se le enrolaban" (38), puesto que "recibía aumentos que reemplazaban, con exceso, las bajas que hafüan producido las enfermedades" (:39). Confírmanlo paladinamente, así no lo probasen la fuerza de los acontecimientos y la naturaleza de las cosas, las palabras insospe– chables y sinceras que el vencedor de Paseo y La Florida estampa en sus Memorias, cuando, al hablar del armisticio de Punchauca, asienta que ese pacto "no fue menos favorable a Arenales que a Ca– rratalá"; pues "aquél pudo entregarse con confianza y desahogo, al arreglo e instn1cción metódica de los cuerpos, que empt,zaban a re– cibir los contingentes de reclutas pedidos a las .provincias" del cen– tro, tan abnegadas como las del norte ( 40); cuando recuerda que (36) ''Muchos de los expedicionarios -dice Miller- perecieron por las enfermedades endémicas del país; y no pocos, por falta de asistencia médi– ca. Los hospitales hallábanse en un estado tan lastimoso, que apenas puede concebirse. En todo el ejército tal vez no había un solo cirujano de regimien– to; y el E.M. de medicina se componía de tan pocos individuos, que los sol– dados, enfermos o heridos, quedaban, puede decirse, únicamente entregados a la naturaleza. La falta de medicinas, algunas veces, era mayor que la de fa– cultativo".- Memorias, t. I, pág. 244, nota.- Agrega el bravo general que, ''de cerca de 5.000 hombres que salieron de Valparaíso en 1820, sólo diez off– ciales y noventa soldados continuaban (en 1824) en activo servicio en el Peru, que pudieron hallarse presentes en la última victoria (Ayacucho)" .-En efec– to, unos ''habían sido depuestos por las facciones" (como Monteagudo); otros, eliminados por la traición (como Oliva y Moyano); muchos, perdidos en las acciones de guerra; y no pocos, alejados por el disgusto y el desencanto d'e una campaña nominal, rastrera, sin acción (como Las Heras, Necochea Y Mar– 'tínez); pero la mayor parte, especialmente los individuos de tropa, por las enfermedades. (37) Mariátegui, Anotaciones, pág. 41. (38) Id. id. loe. cit. (39) Id . id., pág. 103. (40) Ed . de 1920, pág. 104 .

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