Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPA&OLES 687 zación,. abrió López Aldana las declaraciones; volvió a examinar a los reos, que habían ofrecido declarar mediante el perdón; pero exigieron, en las nuevas declaraciones, que se pusiese en el pro· ceso el ofrecimiento del juez. Consintió éste en lo que se quería, y el perdón ofrecido fue estampado en la declaración.- Los dos españoles citaron a otros españoles; pero tuvieron cuidado de no comprometer a los presentes, y sólo nombraron a ausentes, estan– do discordes en algunos de los nombrados. Incurrieron en el error de citar personas que habían salido del Perú mucho antes de las ¡echas de las cartas tomadas. Conoció el Ministro la trampa, el en· gaño; no pudo ver con indiferencia que el auditor hubiese dejado constancia en autos del ofrecimiento; y mandó, sin embargo, que lo continuase". Hay que advertir que Mariátegui se muestra partidario acérri– mo de la persecución antiespañola y que la justifica sin ambajes, sin duda por haber formado parte de la famosa Comisión de Vi– gilancia instituída para tribunal privativo de las causas incoables ·contra los chapetones. Por lo mismo, y aunque sus datos no sean tan explícitos como los de Pruvonena, contribuye a aclarar y com– pletar la versión de éste, única admisible si se tiene en cuenta lo que en seguida copiamos de la Gaceta. "Establecido, dice esta última, en esta capital el Gobierno li– bre, prometió generosamente a los españoles que la habitaban, un olvido eterno de sus anteriores opiniones políticlls; ofreció la ga· rantía de sus personas y propiedades; y llamó a su seno a los que, abandonándolo todo por el remordimiento de sus crímenes se ha· bían ocultado en la ciudad o salido de ella. El mismo excitó los sentimientos más humanos y benéficos de los americanos a favor de los españoles; y disfrutaron tranquilamente de la estimación pública y de sus bienes todos los honrados, que, cediendo al im. perio del destino y convencidos de la justicia de la causa de Amé.. rica, habían depuesto con sinceridad sus ideas fanáticas, reconocien... do la independencia del p-aís y coopeerando a su seguridad. Entre tanto, varios españoles frenéticos, sin educación ni principios; en una palabra, la hez venida de la Península, tramaba secretas cons– piraciones y afilaba los puñales contra los americanos. El gobie.,... '10 apenas puede persuadirse que se hiciesen reos de una ingrati– tud tan monstruosa, unos individuos que habían sido tratados con la mayor consideración, y cuya inicua conducta comprometería decididamente la suerte de los españoles sensatos que habitaban en Lima. Creyó que estos mismos, contra cuyos intereses y personas se dirigían los procedimientos de aquéllos, obligando al gobierno a tomar providencias enérgicas y generales, reputarían a cualesquie-
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