Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
MONTEAGUDO Y LOS ESPAf.l:OLES 685 tonio García, don José Domínguez, don José María Ruibal, don Luis Beceiro, don José Antonio Ugarte, don Cayetano Reimúndez y don José Herrera; el 19, don Vicente Robles, don Andrés García, don Antonio Rodríguez Hernández, Fr. Bias de Jesús María, don Domin– go Astoresca, don José Lazarte, don Francisco Noya, don José Díaz Garrido, don Román Vidal, don José Ulle, Fr. Alberto de San An– tonio, don José Rufino Crespo, don Juan Bautista Sarroa, don Ma– teo Gómez, don Jo'sé Zaldívar y don Pedro Juan Sanz; y el 20, Fr. Juan de Dios Salas, don José Larrea, don Pedro Cardón, don Ca– yetano de Isúzquiza, don Rafael Vizcarra, don Ramón Sarrio, don Justo Viña, don Rosendo Jiménez y don Santiago Patrón. Total de españoles naturalizados: 138, algunos de ellos -los más- jefes de familias distinguidas en la sociedad de Lima, como pónenlo á la vista sú~ apellidos, que perduran hasta la fecha. ¿Por esa naturalización que significaba, en sí misma, un acto de resuelta decisión a favor del Perú y de su independencia, escaparon los naturalizados, ya convertidos en peruanos de adopción, francos y definidos, a nuevas hostilidades y atropellos? Veámdslo. XX La frecuencia con que, tras el decreto del 4 de octubre, acudían los peninsulares a solicitar su naturalización en el Perú, infundió en Monteagudo el temor de que, nacionalizados todos o la mayor parte de sus presuntas víctimas y haciéndose legalmente necesario reco– nocerles los mismos derechos de que disfrutaoan los nacidos en el territorio se hubiese de renunciar a la consumación del plan trazado contra las mismas y así se deslizase de sus manos la codiciada y casi segura presa. En su desilusión desesperada, apeló entonces al traidor Doyerarte, y, con su auxilio, puso en planta la maquinación siguiente. "Hizo -dice un autor- introducir a Doyerarte en casa de sus paisanos, quienes, ignorando que era espía, no podían desconfiar de él. Para mejor progresar en la trama, se dispuso que se. alquila.. se una casa, que estaba desocupada, en la calle solitaria de la Ba.. rránca. A este fin se hicieron por Doyerarte, repetidas invitaciones a varios españoles, para que fuesen a dicha casa, a ver las armas que tenía allí preparadas. Les propuso, en fin, que tenía un plan de revolución para proclamar al gobierno español y librarse de la persecución en que se hallaban: que en aquel plan estaban com– plicados la mayor parte de los vecinos, clero, etc. Felizmente, sólo concurrieron a esa casa tres o cuatro españoles, pues los demás se negaron a asistir en el día señalado; pero, como las órdenes esta– ban dadas para sorprender la referida casa, en el día y hora que
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