Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

CAPITULO XI MONTEAGUDO Y LOS ESPAÑOLES 1 En la proclama que, el 13 de noviembre de 1818, dirigió San Mar– tín "a los limeños y habitantes de todo el Perú", desde su cuartel ge– neral de Santiago de Chile, había estampado frases y formulado pro- ..... mesas concluyentes de garantía y de protección, que, para prestigio <le la causa que defendía, por propio interés, y por respeto a su nom– ore y a su gloria, estaba en la necesidad y en la obligación de cum– plir. Había dicho: "Españoles europeos! Mi anuncio no es el de vuestra ruina. Yo no voy a entrar en ese territorio para destruir: el objeto de la guerra es el de conservar y facilitar el aumento de la fortuna de todo hombre pacífico y honrado. Vuestra suerte feliz está ligada a la prosperidad e independencia de la América: vuestra desgracia 6terna sólo será obra de vuestra tenacidad. Vosotros lo sabéis: Es– paña se halla reducida al último grado de imbecilidad y corrupción; los recursos de aquella monarquía están dilapidados; el Estado, cargado de una deuda enorme; y lo que es peor, el tesoro y la des– c-onfianza, formando la base de las costumbres públicas, han for– zado a la nación a ser melancólica, pusilánime, estúpida y muda. Sólo la libertad del Perú os ofrece una patria segura. A las íntimas relaciones que os unen a los americanos, no falta sino vuestro deseo )' conducta para formar una gran familia de hermanos. Respeto a las personas, a las propiedades y a la santa religión católica son los sentimientos de estos gobiernos unidos. Yo os lo aseguro del modo más solemne". 11 Las promesas anteriores, naturales y necesarias para aplacar el odio y desvanecer el terror con que la clase más escogida y acau– dalada del territorio invadido, contemplaba la venida de una expe-

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