Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

EL CLERO.- EL ARZOBISPO LAS HERAS 661 Hela aquí: "Querido Milord: Ha llegado el momento de volverme a Es– paña, habiéndome acordado el Protector los pasaportes necesarios. Las finas atenciones de que he sido deudor a V. E. y las particula– res prendas que lo distinguen y adornan, me obligan a manifestar– le mi sincera consideración y estima. En España, si Dios me conce– de llegar salvo, le suplico se digne mandarme. Al dejar este país, estoy convencido de que su independencia está para siempre afian– zada. Esto lo haré presente al gobierno español y a la Santa Sede, y haré cuanto esté de mi parte para preservar la tranquilidad y promover las miras de los habitantes de América, que me son caros. Dígnese, milord, c..ceptar estos sentimientos como emanados de la sinceridad de mi corazón, y mande a. este su agradecido servidor y capellán. Barfohmé María de Las Heras" (27). XXVII Llegó el arzobispo a su patria a principios de 1822. Restábale rle vida sólo un año: falleció tres meses antes de cumplir los ochen– ta, en Madrid, el 21 de enero de 1823, en el asilo (por él escogido para pasar sus últimos días) del convento de trinitarios descalzos de esa capital. Poco después de la salida de Las Heras, fue también, como ya se expuso, extrafü~do el obispo de Huamanga, por conminatoria que !e fijó un plazo de ocho días. Este furioso realista era piurano; y ya hemos dicho que se llamaba Pedro Gutiérrez Coz; que su extra– fiamiento efectuóse en noviembre de 1821; y que, llegado a España, fue, en recompensa de sus afecciones realistas, promovido a la dió– l·esis de Puerto Rico (28). Con todo, según Cochrane, estos actos de fuerza, para con personas cuya resistencia tenía que ser, como (27) Tomamos esta carta de las Memorias de Cochrane: no hallamos en ella ciertas frases, que traen las versiones de Paz Soldán, Lorente y Mendi– buru, como aquella de que el arzobispo procuraría "vencer la obstinación" del Papa y del gobierno de España. Tales palabras favorecerían las intenciones del digno mitrado, en vez de dañarlas; pero envuelven una calificación de la con– ducta de ambas potestades, no conforme con la prudencia, maneras y hábi– tos, de quien suscribe la carta. Preferimos, por esto, la versión existente en la obra de Cochrane, su ·poseedor y destinatario, y que, por consiguiente, tiene que ser la más exacta, descartando las pequeñísimas variantes de la traduc– ción. V. las Memorias citadas, pág. 169. (28) Véase el párrafo X del presente capítulo.

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