Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
ORGANIZACION DE LAS GUERRILLAS 49 VII Como lo pensaron lo hicieron. A las once de la noche del 23 de abril, con el coronel Sánchez por jefe, nato o electo, a causa de ser el de más alta graduación, caían a puñaladas los centinelas de los calabozos; y producíase un encuentro terrible con los individuos de la guardia de prevención, defenso– ra del armero, a cuya conquista lanzáranse los revoltosos. El gran número de estos últimos, la contada cifra de los primeros, el des– orden y la confusión imperantes en el resto de los soldados indepen– dientes, despiertos de tan peligrosa y súbita manera; todo, en fin, favoreció a los prisioneros, que, sobre un reguero de cadáveres de uno y otro bando, ganaron armados la adyacente calle, capturando, al salir, al comandante Téllez, que en esos instantes acudía, anhe– loso, ante la producción del inusitado estrépito. El alcalde del lu– gar, que acompañaba a Téllez, y que pretendió hacer uso de una pis– tola que llevaba consigo, cayó en el sitio; sacrificado instantánea– mente. Los matadores, sin perder minuto, abandonaron el pueblo y se lanzaron, con guías cogidos ad hoc, camino de la sierra. VIII Hallábase de párroco en Huarmey el insigne, ilustrado y vale– roso patriota, presbítero Dr. D. Gavino Uribe, el mismo a quien vi– mos, en 1820, amparar a los náufragos de la goleta Terrible, es– conder al comisionado D. José María Pagador, salvar y dirigir a su destino las proclamas y comunicaciones de San Martín (anunciando la próxima salida de la cruzada libertadora). Este digno sacerdote, entristecido ante los restos de las víctimas del levantamiento, algu· nas ultimadas inermes y aun a medio vestir; y contristado ante las consecuencias de aquella fuga, que iría luego a intranquilizar y aterrar a los pueblos vecinos, llamó a sus feligreses, tocando a so– matén; exhortólos a la persecusión inmediata; armólos como pudo: y, apenas iniciada la del alba, emprendió viaje con "sus hijos", pican– do la retaguardia de los evasores. A medida que avanzaba, concita– ba el entusiasmo y el auxilio de sus colegas, en las parroquias del tránsito, hasta reunir unos tres mil hombres, indios en su mayoría, con los que al fin dio con los fugitivos en las cercanías del pueblo de Cotaparaco (10), después de haber vencido, perseguidos y perse– guidores, cinco fatigosas jornadas (11). (10- Capital del distrito de su nombre en la provincia de Ruarás· com– prensivo de los pueblos de Sicuay y Pararín; emplazado a la margen d~recha del Huarmey, a 3.000 m. de altura; y con unos mil habitantes. (11) Torrente, III, 162.
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