Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
PRIMEROS ACTOS DEL PROTECTORADO 549 a los ejercicios que, en lugares públicos y a órdenes de sus respecti– vos jefes, debían practicar cuotidianamente, a fin de instruirse y ha– llarse en aptitud de servir a la patria llegado el caso, pero con la franquicia de tornar a sus labores y ocuparse en éstas por el resto del día. Torre Tagle, entonces ausente, fue, en 14 de agosto, nom– brado inspector general de tales cuerpos; cargo que conservó sin perjuicio de la comandancia en jefe de la Legión Peruana, para la que se acababa de designarle, sin duda mientras llegara a organizarse esta última; y, en tanto que el marqués regresaba de Trujillo, se mandó reconocer en su lugar, con la calidad de subinspector, al te– niente coronel don Manuel Rojas 1 quien debería entender en todo lo concerniente a "la organización, instrucción y demás relativo a dichos cuerpos cívicos, hasta ponerlos en un pie respetable y me– tódico" (decreto del 14 de agosto). La institución referida -años después reiterada con la deno– minación de guardias nacionales y existente hoy mismo con el nom– bre de reservas- envolvía utilidad manifiesta, como que tendía a mantener un núcleo competente de gente adiestrada, que reforzase el ejército activo en instantes de urgencia, o supliese la falta del mis– mo al salir a campaña. Pero incidióse, al constituirla, en un defecto capital, cual fue una separación odiosa de castas y clases. En vez de aproximar y poner a estas últimas en contacto concurrente a la sim– patía mutua, a la estimación creciente y a una igualdad prácticamen– te republicana, acentuáronse las distinciones y, sin llegar a la emula– ción verdadera, ahondáronse las antiguas odiosidades. Tal sucedió, en efecto, con la creación de cuerpos de españoles americanos, esto es, de blancos criollos, de mestizos, de indios, de pardos, de morenos libres, de esclavos y otras calificaciones que a gritos respondían a las mismas clamorosas diferencias sancionadas en la jerarquía y por las costumbres coloniales. Ya hemos visto que, poco después (2 de setiembre), para incre– mento del ejército, se llamó a los esclavos al servicio, prometiendo que todos los que entraran en combate con el enemigo y se distin– guieran por su valor, serían, por ese sólo hecho, declarados libres. En 17 de noviembre se decretó también que cuantos esclavos estu– viesen en aptitud de tomar las armas, desde la edad de quince hasta la de cincuenta años, debían presentarse a la presidencia del de– partamento, para que ésta los proveyera de un boleto de seguridad, y los pasara, con las formalidades correspondientes, al general en jefe, quien los destinaría a los cuerpos del ejército. Y, para evitar que los amos ~ludiesen el cumplimiento de tal obligación (acu– diendo al socorrido medio de las ventas sucesivas, casi siempre si– muladas) se agregó que todas las enajenaciones practicadas desde la
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