Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
46 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ ante ciertos incidentes causados por la anarquía y la multiplicidad de esos auxiliares. Ocurrió en efecto, que, a veces, la presencia de una de las montoneras echase a perder los planes de alguna de las otras; y que la diversidad u oposición en los métodos, sendas y finalidades, diesen efectos dañosos para la conveniencia general. Aun ocurrió más; y fue que, en ocasión por cierto lamentable, o engañados por informes falsamente recibidos! o cegados por las espesas tinieblas de la noche, dos de aquellos cuerpos encontráranse de súbito,· juzgán– dose mutuamente contrarios, hostilizáranse y dañáranse como verda– deros y encarnizados enemigos. Expidióse, en consecuencia, una orden general, dirigida a procu– rar y conseguir la "organización" deseada. Hízose un todo de las gue– rrillas; sometióselas a un jefe común; nombróse para el cargo al teniente coronel salteño don Isidoro del Villar, que acababa de salir de la prisión de Casasmatas por el canje de prisioneros (del 2 de di– ciembre de 1820) subsecuente a la gloriosa captura de la Esmeralda; fijóse para residencia del jefe y para cuartel general de montoneras, el pueblo de San Mateo, emplazado, a una altura de tres mil ciento cuarenta metros, en la provincia y la quebrada de Huarochirí, a ciento treinta y un kilómetros de Lima (7); determinóse una se– rie de cuarteles secundarios en las tres quebradas paralelas, conti– guas a la capital, con un calculado y previsor escalonamiento que lle– gaba hasta Copacabana; distinguióse a cada partida mediante un nú– mero de orden, a semejaza de los cuerpos del ejército regular y así reconocióse con el número 1 a la montonera más antigua_que era la de Vidal; con el 2, a la de Huavique; con el 3, a la de Quispe Ninavil– ca; con el 4, a la de Dabauza; con el 5 a la de Riquero; y así sucesivamente, a todas las demás, en orden de formación o anti– güedad, hasta el número de 48 (por refundición, en una sola, de las varias que, o procedían del mismo lugar y eran en extremo peque– ñas; o tenían al frente corifeos, consanguíneos, como los Cairo, los Aliaga y los Manrique). Llamado Vidal a las filas del ejército de línea honróse (sin al– terar la numeración total) con el número uno de la montonera de Ouirós, ya merecedora de tal preferencia por sus grandiosos éxitos sobre los realistas. Hecho igual llamamiento respecto de Villar, fue éste reempla– zado, primeramente, por un comandante chileno, de apellido Cam– pos; Y luego por el colombiano don Joaquín Pebres Cordero, herma– no dignísimo de aquel capitán numantino nombrado León, célebre (7) A la orilla izquierda del Rímac .
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