Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
504 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ casa algunos americanos, a los que repetidamente visitaban personas de la misma procedencia (entre ellas el entonces teniente coronel don José de San Martín) afectas todas al movimiento libertador que a la par estallaba en varios ámbitos de América, con tendencias a la radical independización del Nuevo Mundo (1810). El político y lite– rato en ciernes adhirióse jubiloso a las ideas, e inicióse con decisión en los planes de aquellos patriotas, listos para acudir al sostenimien– to de la santa causa que en secreto amaban, defendían y propagaban ardientemente. Pronto, por la exaltación de sus opiniones y el ningún recato con que solía exponerlas, sus compañeros de oficina cobráronle antipatía o prevención, que a poco indispusiéronle con su jefe y protector. Cierto que a la vez incrementábase la desazón del protegido, harto de transacciones en que no entreveía la menor utilidad, y hastiado más que todo de los números, para los que comprendía no haber recibido inclinación alguna de la madre naturaleza. Y llegó un día en que San Martín, arrancándose al servicio de la metrópoli, resolvió venir a su patria y poner su espada a las órde– nes de quienes luchaban hasta el sacrificio por ella. Embarcóse el futuro liber.tador en Cádiz y se dirigió a Londres (1811). García del Río, que ya por entonces profesábale la más sincera admiración y hasta filial afecto, decidió seguirle. Sin decir palabra a persona al– guna, preparó viaje sigiloso y a poco presentóse en Londres a aquel que desde ese instante juró como a su jefe, no sin sorpresa de éste último, y después de pasar por toda clase de aflicciones y aventuras hasta dar con él, en los precisos momentos en que preparábase a par– tir. Juntos trasladáronse a Buenos Aires, en cuyo estuario dieron fondo en febrero de 1812. Desde ese momento, dicen Paz Soldán y Cortés, García del Río fue "compañero inseparable de San Martín" (20). XXV No poseemos dato alguno acerca de su actuación en la República Argentina; pero es seguro que se encontrase al lado de su corifeo, cuando éste desempeñó la gobernación de Cuyo y en esa provincia preparó la Expedición Libertadora de 1817. De allí pasaría a Chile y concurriría a la campaña vencedora en las brillantes acciones de Chacabuco y de Maipú. Ocupada Santiago, fundó inmediatamente en · esa capital y redactó, casi solo, El Argos de Chile; periódico bien (20) Paz Soldán, op cit., pág. 200 del t. I, J. Domingo Cortés, Diccio– nario biográfico americano, París, 1875.
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