Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EL PROTECTORADO 445 No importan, de un lado, la "actitud retobada" del elemento es– pañol nativo; ni, de otro, el hecho innegable de que tal elemento constituyese "una potencia por su riqueza y su posición social" -co– sas ambas invocadas por Mitre a manera de descargo y explicación de la molestia que en San Martín infundía aquel núcleo renitente, 'huraño u hostil. Y no importan, porque uno y otro hechos en el Perú y en los pueblos todos de Hispano-América- eran naturales y necesarios; estaban en la esencia y leyes de las cosas; eran con– secuencia lógica del pasado colonial; y, por todo ello, debieron de antemano suponerse y serenamente contemplarse. Triste iniciación de un gobierno que, erigido en nombre de la libertad, si bien con olvido y desprecio de ésta, debiera -como el sol, y según la frase de la Escritura- haber extendido su luz y su calor protectores sobre dignos e indignos, sobre adictos y adver– sarios. No eran verdaderos beligerantes y enemigos quienes, aun– que simpatizaran con la causa de la metrópoli, por inclinación de la naturaleza, por imperio del corazón, por deber moral y obli– gacíón política, ni formaban en las filas del ejército realista ni ejercitaban hostilidad alguna de hecho; sino que se mantenían en la capital, alejados de la lucha, al lado y al cuidado de sus fami– lias, tranquilos con las garantías ofrecidas, y confiados en las ofer– tas formuladas. La jurisprudencia penal no ha encontrado aún, por muy grato que su hallazgo pudiera ser para tiranos y déspotas, ra– zón plausible en que basar la criminalidad de las intenciones y de las ideas, la represión de las palabras u opiniones cuya existencia no trasciende al orden social. El domicilio es y será un templo le– vantado a la independencia del individuo, en que el corazón pue– da y deba abrirse, sin temor ni reserva, a las expansiones del afec– to, a las virtudes de la confianza, la fe, la franqueza y la sinceridad. Y el Protectorado se estrenaba pisoteando todos estos principios y respetos, tutelares de la libertad del hombre, cuya enunciación y cuyo triunfo acababan de costar tanta sangre; sancionando la se– cuestración, el destierro, la confiscación, como medios preventi– vos de peligros supuestos o punitivos de delitos imaginarios; cons– tituyendo en actos dignos de aquella prevención y de esta punición ia opinión oculta, el sentimiento íntimo, la murmuración secreta; el derecho de pensar, la fatalidad de sentir, el deber de la lealtad, la santidad del patriotismo; y empleando, como instrumento de inquisición y de coerción, la amenaza y el miedo, el espionaje y la delación, llevados escandalosamente al seno de la familia y al sa– grado del hogar.
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