Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

408 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ XXIII Rayó la mañana del 28 lluviosa y nublada; pero, a eso de las nueve, como de ordinario acaece en las fiestas patrias, cortó la tolda gris del firmamento, y desatóse, tibio y radiante, ese Sol de julio nuestro, que, en los postreros días de aquel mes, corona de oro la frente de la Perla del Pacífico, cual si viniese a darle su temporal adiós antes de hundirse en las melancólicas nebulosidades de agosto. A esa hora, bajo un horizonte inundado en luz -que el gozo, el movimiento y el murmullo generales, y la profusión de arcos, bande– ras y colgaduras, hábitos y uniformes, caballos, armas y músicas, hacían extraordinariamente bello, vívido y ostentoso- la muchedum– bre colmaba ya anhelosa todos los lugares por donde habría de desa– rrollarse la inolvidable jornada cívica. Los balcones berberiscos, ce– rrados y salientes, tapizados de cortinajes regios, resplandecían, como fantásticos estuches, repletos de guirnaldas, de hermosuras y de joyas. Los cuerpos del ejército, abriendo calles, daban paso franco a las altas dignidades militares, civiles y eclesiásticas, a los nobles y a las corporaciones, que, a caballo todos, acudían a congregarse en los patios de palacio y en las calles adyacentes, monopolizando las ávidas miradas del concurso y excitando su frenético aplauso. Allí los individuos del Ayuntamiento, con su uniforme de viva grana; allí una parte de la nobleza, con sus lacayos de variada librea; allí los oidores de la Audiencia, con los bridones de severa gualdrapa negra, y los miembros y prelados de las comunidades religiosas con sus talares hábitos; allí los jefes militares, con sus vistosos arreos; allí, en fin, la Universidad, con su claustro, ataviado de sedosas esclavinas o mucetas y crespas orlas, y con sus cuatro colegios, de hopalandas y becas rojas, verdes, azules y pardas. Dondequiera, los atabales, chirimías y trompetas de las fiestas ruidosas; allá, las mar– ciales entonaciones de las bandas militares. "No pudiendo cabalgar en el acompañamiento por la escasez de caballos, proveniente de las repetidas requisiciones con que, antes de su fuga, los arrebató a sus dueños el ejército español" (21); pre– sentáronse a pie los miembros del Colegio de Abogados, algunos je– fes de oficinas y muchos vecinos de distinción, los cuales, yendo, a dos en fondo y en larga hilera, delante de la comitiva, formaron en cuadro, a manera de guardia cívica, alrededor de los tablados destinados a la proclamación. (21) Odriozola, ob. cit., tomo IV, pág. 272, nota núm. 2.

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