Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

318 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ régimen agonizante (23). Tampoco sus mnemógrafos e historiadores han podido pasar por alto su decadencia y desilusión crecientes cada día; más que todo, en el afán y la necesidad de explicar satis– factoriamente la desocupación de la capital peruana; medida a la sazón acerbamente criticada por sus compatriotas, muy en especial por los que, con aquel éxodo, creían quedar desamparados y expues– tos a toda clase de vejámenes y de represalias en Lima (24). "El estado, dice Camba, de la capital del Perú, había llegado a tal extre– mo, que no se alcanzaba medio alguno de poder conservarla por más tiempo, sin positivo riesgo de perder muy pronto todo el país . . . La excesiva escasez de bastimentas que se experimentaba en Lima hacía: tiempo, y que impacientaba a sus habitantes; la falta de recursos para mantener y reemplazar las bajas del ejército y la flor de los 1:eteranos realistas en los hospitales o en el sepulcro, demandaban con urgencia la evacuación de Lima" (25). Torrente es más explícito: "Considerando, escribe, que el inte– rior estaba obstruído por la sublevación de los partidos de Huaro– chirí, Yauyos y Jauja; que en Lima iban, de día en día, escaseando los víveres, por el bloqueo de mar y tierra; que el espíritu de innova– ción había hecho tan rápidos progresos que atribuían sus habitantes ·el cúmulo de males que los afligía a la permanencia del ejército encargado de su defensa, según lo acreditó aquel ayuntamiento en sus despachos oficiales al mismo virrey; y observando, final– mente, que el ejército sufría una baja extraordinaria, por el estra– go que en él hadan las enfermedaaes, y con especialidad la disen– tería, determinó el virrey llevar a efecto su primera idea de eva– cuar la capital" (26). Y la evacuó en efecto. A los dolores físicos, a la miseria del erario, a las epidemias y el hambre, más horrosos a cada instante, añadíanse el descontento general; la prótesta incontenible, formu– lada en todos los tonos, y aun, como Torrente dice, en los documen– tos oficiales; y una resistencia -algo más- una guerra, si subte– rránea y sorda no por eso menos efectiva y dañosa, resuelta en mul– titud de hostilidades crecientes, que ora cerraban los recursos, ora (23) "Los mismos papeles impresos en Lima revelan ya la consternación pública, no obstante que escritos bajo la influencia de los españoles, se esfuer– zan por ocultar lo crítico y desesperado de su posición".-Arenales, Memorias cits. pág. 108 y 109. (24) "Algunos individuos oponían resistencia a la idea de evacuar la ca– pital, ya fuera por un celo excesivo, que les hacía desconocer el peligro, o ya por no pe11der sus intereses y dejar comprometidas sus familias".-Torrente, Ill, 165. (25) García Camba, 1, 367 y 368. (26) Op. cit., III, 164 y 165.

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