Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

PROCLAMAS AMENAZADORAS 301 Dentro de este plan constrictor, pululaban las montoneras, inun– dando todos los caminos, invadiendo todas las haciendas y pue– blos vecinos, asaltando los contingentes de dinero o de víveres) y causando al adversario irreparables desmedro y perjuicios por to– das partes. Ya se verán los efectos de este asedio, cada día más terrible, reagravado por las epidemias. Basta, de momento, bosquejado. 111 La permanencia de San Martín y de su ejército en Ancón hubo de ser necesariamente larga, porque, una vez iniciadas las negociado. nes referidas en la parte décima sexta de este interesante período pri– mero de nuestra Historia, y acordada como consecuencia, la sus– pensión de hostilidades de 23 de mayo de 1821, no era ya posible efectuar las mismas ni menos nuevas operaciones; puesto que ca· da ejército, conforme a los términos del art. 1<:> del armisticio, debió permanecer y "conservarse en las propias posiciones que ocupaba al tiempo de notificársele la ratificación" de aquel pacto. La división comandada por San Martín establecióse, casi toda, al norte del río de Chancay. Arenales y Miller viéronse del propio modo, paraliza– dos en su vuelo, cabalmente en los instantes en que la vanguardia del primero iba a dar definitiva cuenta de la columna de Carratalá, y en los momentos en que el segundo, vencedor en Mirave y la Cale– ra, preparábase, tras breve descanso, a embestir al propio general Ramírez y a su división de reserva al pie del Misti. El tiempo, hasta entonces perdido en una contemporización vo– luntaria, fuelo en seguida por la inacción obligatoria envuelta en el respeto de los pactos; y Arenales pudo bien decir que ese tiempo, admirablemente utilizado por él en intensificar la segunda campaña de penetración sobre la sierra, próxima a dar brillantes frutos, mal– gastábase en la costa tristemente, en entrevistas, conferencias y ne– gociaciones, sin finalidad ni provecho. IV Sabemos, en efecto, que estas últimas, como era de colegir desde el principio, resultaron tan vacuas como frustráneas; y que tan sólo sirvieron para facilitar el éxito de los planes realistas. Prorrogado sB– gunda vez el armisticio (23 de junio), Canterac pudo, en plena vi– gencia del mismo, escaparse de Lima, impune y tranquilamente el

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