Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

294 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ En esa negocación, el triunfo fue de los realistas, porque de su parte tuvieron, no cabe duda, la razón y la justicia. Por más que los diputados patriotas aferráronse al argumento que la exi– gencia de garantía no alteraba lo pactado; es lo cierto que lo sus– pendía y aplazaba, como lo suspendió y aplazó indefinidamente, liasta el término casi del armisticio. Guido y sus colegas hicieron gala de aboga:aeras indignas, bien zafando el bulto a una gestión que era suyp, como inclusa y consecuente a los poderes que tenían s·obre ~o principal, y a una promesa que ellos mismos habían con– sagrado solemnemente con su firma; bien fingiendo ignorar cir– cunstancias y detalles de que tenían que hallarse perfectamente impuestos, estando, como estaban, a cada instante, en contacto con su poderdante, ya que sólo mediaban unos metros de di~fancia en– tre la Cleopatra y la Montezuma. Era que no había buena fe; y que, en el ánimo de 10s negocia– dores independientes (que al fin hubieron de rendirse ante las in– contestables alegaciones de ~us contrincantes, pactando la introduc– ción sin garantía), había una reservada. Canterac y su división de vanguardia habían evacuado la capital el 26; y, según todas las evidencias, luego confirmadas en notificaciones oficiales, el virrey mismo, con el resto de sus tropas, habría de partir el 6 del mes siguiente. Bien podrían, pues, aguardar un poco más el hambre y la desesperación de los limeños; ya saciarían éstos su necesidad cuando los libertadores ocuparan la plaza evacuada; bueno era que, entre tanto, la concesión no aprovechase al enemigo. Diremos, para concluir, que, alejados, con la desocupación de la ciudad, la mayoría de los miembros, y aun el presidente de la tilidades (que por V. E. y por mí se ratificó el 12 del corriente), no se ex– presó nada de lo que V. E., después, me ha indicado y me indica, en su oficio de ayer. Mis ideas sobre el modo y forma con que debían distr1buírse los víveres que se acordase deben entrar por mar en esta capital, las manifesté bien claramente, no sólo a mts diputados (en el oficio que sobre el asunto les pas~), sino también al Sr . regidor Vértiz, cuando fue a ver a V .E., no como diputado de este Excmo. Ayuntamiento, sino como nombrado por mí para ayudar al Sr. Galdiano, o al regidor que en lugar de éste nombrase yo, luego que llegase el caso de la introducción de víveres y de hacer el reparto en beneficio del pueblo, que siempre ha sido mi objeto, y no otro.- Me es sensible que aquél no haya disfrutado de la corta introducción de víveres que, según ,el .art. 3?, debió h.a~erse verificado; pero me lisonjeo de que, im– puesto el pubbco de que se p1d16 por mis diputados dicha circunstancia, y de q~e por p~rte de V. E. se ~ccedió a ella, vendrá a conocer que no ha depen– dido de m1 el que haya deJado de realizarse la introducción de los indicados víveres.- Dios guarde a V.E., m.a.- Lima, 24 de junio de 1821.- José de La Serna.- Excmo. señor general don José de San Martín''.

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