Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
286 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Esta nota no se contestó ya por los diputados realistas hasta el 28 de junio, o sea once días después, en forma recriminativa; pues, para fundar la exigencia de garantía del presunto convenio por parte de sus contrincantes, entraron en la enumeración de una serie de violaciones del armisticio provisional, que dejaremos ya para otra parte de esta Historia, por así imponerlo la cronología de los hechos y la distribución de materias que responde a nues– tro plan. VII En éstas y las otras los tales realistas habíanse dado el tiem– po necesario y suficiente para llevar a cabo, en forma tranquila y perfectamente c;ilculada la gran operación a que debieron la subsis– tencia de su poder y la reposición de su potencia militar, por el largo espacio de mas de un trienio. Endulzando a San Martín con la aluci– nación de un gran imperio suramericano, pacíficamente erigido por su iniciativa y por su esfuerzo, habían tomado impulso para el vuelo sobre los Andes, dejando los peligros y miserias que los cercaban en la capital, y escapando a las consecuencias desastrosas que les prometían el estado de la opinión, la deserción incontenible de sus tropas, las escaseces del sitio y la eficiencia indudable del ejér– cito patriota, engreído ya por multitud de dichosos éxitos. Cier– to que todo ello facilitaba la consumación del supremo ensueño del libertador del sur, esto es, la posesión de Lima; pero en eso mismo residía el gran yerro del prócer, consistente en suponer que la caída de la capital sería virtualmente la terminación de la guerra. La negociación primordial podía darse por fracasada. Los diputados virreinales habían dirigídola en forma acertadísima, desde el punto :le vista de sus conveniencias y planes; y, aunque llegara a reanu– darse, como se reanudó, no llevaría a desenlace alguno satisfacto- 1rio. De otro lado, aquella negociación había sido frecuenteménte estorbaba y aplazada por sus secundarias, de que diremos algunas palabras para terminar este capítulo. VIII Esas negociaciones fueron tres: una conducente al canje de prisioneros; otra, a obtener una segunda prórroga del armisticio; y la última, pesada y laboriosa, referenJe , según ya se insinuó, a la introducción de víveres.
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