Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

LA FAMOSA ENTREVISTA DE PUNCHAUCA 273 contestación dentro de dos días, lo más tarde" (13). Por su parte, San Martín "ofreció esperar la respuesta a bo!"do de uno de sus buques, en la bahía del Callao" (14). Bien hubiera querido este último extrañar y motejar de des– leal e inconsecuente la conducta del virrey de Lima; personaje que, en todas las comunicaciones de Canterac, había, por el intermedio de éste, ponderado "la necesidad de un rey"; y, asegurando que sus ideas sobre el punto, coincidían, en un todo, con las del gene– ral contrario, habría asentado la conveniencia de "no pararse en pequeñeces para el arreglo del armisticio", provisional primero, definitivo y duradero después, porque su respuesta, si le escribiese San Martín o se entrevistase con él "nabríá de serle favorable". No cabe duda en que el héroe de Maipú, (fados el asco y el horror que en su equilibrado espíritu concitaban las convulsiones argentinas; y el antiguo convencimiento, ante ellas aún más desa– rrollado, de que sólo la forma estable de la monarquía salvaría al Perú, procedía sinceramente en sus exposiciones, planes y propues– tas, alucinado hasta el punto de creer que sus adversarios se apre– surarían a aceptarlos, halagados con la exaltación de un príncipe suyo en la calidad de rey. Con todo, no desengañado absolutamen– te, aún juzgó que La Serna, cohibido por el peso de la responsabi– lidad que se imponía y hesitante ante una deci~ión tan radical; o ganoso de aparentar atención suma, grandes estudios y meditación previos para tomar una determinación; cedería al cabo, al ven– cimiento del corto plazo que le pedía, ya ante las halagueñas pers– pectivas del proyecto; ya ante aquel medio, decoroso y honrado, de poner término a las dificultades de su situación. La fantasía del prócer, en golpe de vista rápido, detendríase a paladear el supremo regocijo de una solución pacifista; del triun– fo, al fin alcanzado, de la expedición emancipadora, sin el sacrifi– cio de más sangre ni más vidas; de la erección de un gran imperio americano, por obra exclusiva de su genio, tras una revolución ini– cial de mera propaganda y con una coronación espontánea, in– cruenta, de puro convencimiento, palpitante de altruismo y huma– nidad; consagrada por el anhelo, la opinión, el voto y la simpatía universales; cambio inimaginable; trasformación gigantesca, repen– tina, semejante a la del torrente, que, descolgado de las agrestes cúspides, rasante y bramador, tórnase al ingresar en la llanura, en río abierto, anchuroso, sosegado, lleno de majestad, espejo de luz, (13) Id . id. (14) lbidem .

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