Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

272 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ La actitud pasiva y de paz sólida en que quedará el Estado del Perú, abrirá nuevos canales al comercio de las Provincias Unidas y Chile, proveyéndose, entre otros ramos, de la mulas nuestras (las argentinas, de Tucumán, etc.), para el tráfico interior y el fomento de la minería.- 7' Los españoles acaudalados no emigrarán con sus capitales para fijarse en países extranjeros.- 8!'. En este caso, no se permitiría establecer ninguna casa de comercio extraajera, como debe suceder, en el intervalo del armis_ticio, en los puntos que ocupa el Ejército Libertador, para llenar sus necesidades.- 9!'. Gullyaquil, cuya intención es unirse a Colombia, se uniría al Pe– rú, por grado o por fuerza, como puerto necesario para los pro– gresos de la monarquía.- 1()'! Restablecidas las relaciones con la España, cesarla el odio, ya generalizado, entre españoles y ame– ricanos; y cuantos se estableciesen en esta parte de América goza· rían de los mismos beneficios que los naturales, de modo que el soberano que se estableciese hallará una sola familia. -11!' Acti– vado por este medio, el comercio marítimo de la España, se aumen– taría su marinería, al mismo tiempo que progresaría en los ramos de su industria.- 12' Los gastos de la escuadra no gravitarían so– bre este país en el largo intervalo del armisticio, supuesto que, establecida la paz definitivamente sería consiguiente la reducción, hasta el punto de que sólo quedase la fuerza necesaria para celar el contrabando; y 13!'. Mucha parte de los negros enrolados en los ejércitos, podrían repartir$e en las haciendas, bajo un régimen que conciliase su libertad y lq labor de esas haciendas" (11). V La Serna recibió este documento; y, sin avanzar opinión alguna acerca de la nueva alocución de San Martín, entrególo a Canterac para que lo guardase, añadiendo, con su laconismo de costumbre, que, pues lo propuesto por el general independiente, "no sólo era un asunto de suyo graví~imo, sino contradictorio de las instruc– ciones del gobierno de S. M., origen de aquella negociación, no po– día resolver por sí, sin tqmarse tiempo para consultar y meditar lo más conveniente" ( 12), Acabó con el cómpromiso "de dar su (11) Restrepo, Historia de la revolución de Colombia, t. 111, nota 7~, pág. 609, referida de la pág . 122. Este interesante documento, no publicado por nin– ~ _otro hist~riador, fue, indudablemente, del archivo de Bolívar, quien lo ad– qumría, ongmal o en copia (no lo sabemos), de manos de Guido, Monteagu– do o Heres. (12) Camba, op. cit., 1, 391 .

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