Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

270 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ Por lo que hace a La Serna, viósele mas bien halagado por la exposición del general contrario, concluida la cual guardó silen– cio por algunos instantes, quizá abrumado por la responsabilidad que, con una respuesta y una resolución afirmativa, habría de asu– mir ante su rey; respuesta y resolución que, ora por lo poco audaz de su carácter, ora por el deseo de tantear ampliamente el pensa– miento de sus conmilitones, no se atrevió al fin a formular ni a tomar decisivamente; todo lo que, considerado al vuelo por su es– píritu, hizole replicar, en muy pocas palabras, no expresando lo conveniente sobre la proposición presentada, sino ateniéndose a una prudente moratoria, consistente en la petición de solos dos días para determinarse y contestar de una vez. IV Un si es no es disgustado de esta réplica, y llegada la hora de comida, San Martín, invitó a sus huéspedes a sentarse a la mesa. En esa comida imperaron "la franqueza y el buen humor". (8). Presidían, sentados ambos a la cabecera, San Martín y La Serna. Brindó este último por el feliz éxito de la entrevista. San Martín puesto en pie, bebió por "la ventura y la prosperidad comunes de España y América". La Mar apuró su copa por "la unión de los bandos contendientes y su simultánea concurrencia a la proclama– ción de la independencia del Perú". El medido Monet, borradas las ceremoniosas trabas de las conferencias y comidas oficiales, enca– ramóse en su silla, para, desde ella, copa en mano, ratificar los votos expresados por su colega (,9). La alegría era general, la con– fianza se extendía, y todo era hablar de las proyecciones que alcan– zaría aquel extraordinario acontecimiento. Levantados del banque– te, el general patriota propuso una nueva reunión, quizá si aguar– dando, según el dicho de Talleyrand, un mejor resultado para sus planes, en la expansión y la sinceridad consecutiva a la fiesta. En esa segunda entente, efectuada exclusivamente entre La Serna, San Martín, los diputados de uno y otro bando, La Mar, Las Heras Y Canterac (10), el prócer yapeyuano con el natural calor y la elo– cuencia fácil, concitados por las libaciones precedentes recalcó so- (8) Camba, I, 390. (9) Parece, según afirma Bulnes, que habló también entus1astamente Guido; tan entusiastamente, que San Martín, el frío y ecuánime San Martín se levantó para abrazarle .- Op. ref., t. U, pág . 110. (10) Camba lo dice expresamente: ''Concluída la comida, San Martín propuso al virrey una conferencia particular". - Id. id., loe. cit.

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