Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

NEGOCIADORES OFICIOSOS 255 ron a algo misterioso, no explicable ni explicado satisfactoriamen– te durante largos años -casi un siglo-; líasta que instrumentos de convicción descubiertos en el archivo de Bernardo O'Higgins, el famoso Director de Chile, y publicados en 1888 por un historiador Je aquel país, descorrieron el velo en que envolvíase la negócia– dón oficiosa subterránea, incoada paralela y simultáneamente con la negociación solemne pública; y revelaron a las claras el signi– ficado hundido en la negrura y profundidades del enigma ( 1). II De esos documentos, ante todo, aparece que, en alguna ocasión, cuya feclia se ignora -pero eso sí, anterior a las conferencias de Punchauca- Canterac y Valdés habían celebrado,. con el coronel don Tomás Guido, cierta entrevista en el pueblo de Chancay; entrevista por supuesto ocasional, casual, inesperada, como muchas de las que interponíanse entre los episodios de una guerra; en la que~ sin objeto preestablecido, ni instrucciones ni poderes otorgados, ni formali– dades oficiales y solemnes, se trató de la posibilidad de independi- 7ar el Perú, pero en la deplorable fonna monarquizante que siem– pre fue la obsesión de San Martín; su propósito ulterior renuente (1) Esos documentos, dice Bulnes, "provienen de los papeles que forma– ban el archivo del general O'Higgins, que perteneció al señor Vicuña Macken– na, y que se encuentra hoy en la Biblioteca Nacional de Santiago". Añade que ''están sacados de una copia que probablemente remitió a O'Higgins, del Perú, el general San Martín, hecha, al parecer, por su secretario ordinario". Con– cluye aseverando, como en efecto tiene que ser, que la letra C. con que están firmados los documentos debe entenderse Canterac; y la M. Monteagudo (en las cartas no dirigidas expresamente al secretario Moar); cosa que no acep– tamos, porque Monteagudo no estaba en Punchauca a donde se encaminó, sólo al último, con San Martín, para la famosa entrevista; y porque, así hu– biese estado, no era negociador; y la carta del 10 contiene esta frase calar, que destruye la suposición: ''Que negocien bien", etc. En resumen, no ha– biendo sido de necesidad que cada apellido se expresase por su verdadera inicial, creemos que la M. del destinatario no indica forzosamente a Montea– gudo, ni a ningmio de los otros diputados patriotas; sino a uno de los realis– tas, probablemente Llano Nájera, brigadier, y, por añadidura, Manuel; úni– co caso en que la inicial misma refuerza la suposición contraria, que es la nues– tra; aparte de otras frases que revelan el interés común de firmante y desti– natario, como pertenecientes a una sola y misma causa; como aquélla de "nuestro general" (en la carta del 10); y esotra (de la carta del 16) que diée: "Si el general San Martín y nosotros obramos de acuerdo'', etc.- v. las car– tas en cuestión, más adelante; y a Bulnes, II, 90 a 100, passim.

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