Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

224 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ hacer fracasar cualesquiera empeños decididos de tregua y acomo– do por parte del emisario regio. V Entró éste en Lima el 31 de marzo, salido ae Huaura el 29; y en el acto constituyóse ante La Serna, a exponer las causas, los medios y las finalidades de su misión. Sus ilusiones acerca de la cesación de la guerra ofreciéronse en forma tan sincera cuanto se– gura, vista la disposición favorabilísima que dijo haber encontra– do en el ánimo de San Martín y de sus jefes, a quienes colmó de alabanzas, llegando al extremo de avanzar alguna que otra frase, indicativa de que eran más bien los españoles quienes, en concepto suyo, dificultaban la consecución de la paz (2). No hay que referir ni que ponderar la impaciencia y el enojo que ello produjo entre los compatriotas del enviado, quienes desde entonces zahiriéronle despiadamente con las más indignas y punzantes pullas favore– cidos en su innoble empeño por la pobre y desairada apariencia 1;ersonal de aquél; y desvirtuaron diariamente sus palabras, tanto como sus actos más bien intencionados y sus propósitos más cla– ros e inocentes. Por supuesto que esa inquina llegó a su ápice, cuan– do -como ya veremos- Abreu manifestóse partidario de la inde– pendencia misma, bajo la fórmula transaccional de San Martín, que entregaba la suerte y el gobierno del Estado novísimo al ce– tro de un príncipe de la casa reinante española, por supuesto bajo la forma de una monarquía constitucional moderada. . VI No obstante estos desplantes contra el mandatario de su rey, grandes fueron el contento íntimo y la satisfacción que, en el espíri– tu de los apurados corifeos coloniales, despertó, ya que no Abreu, su misión misma. La pacificación por tentar y las negociaciones por emprender, darían sobrado espacio a La Serna y los suyos, pa- (2) "Entró en Lima (Abreu) prodigando indiscretamente elogios a San ,Martín Y a sus compañeros, que se traducían por otras tantas indirectas aprooacio~es del sistema de independencia que defendían, y dejando deslizar 1de sus lab10s, con la mayor inconsideración, algunas indicaciones que tendían ~ hacer recaer sobre los jefes del ejército español la obstinada continuación de la guerra ... Por tan injustificado medio, consiguió el Sr. Abreu pasar, entre muchos españoles, mas bien por un ciego apologista de los independien– tes, que por agente de la España, autorizado por el gobierno del rey".- Gar– ~ía Camba, Memorias, t. 1, pág. 388.

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