Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

212 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ cespués, con todo el estrépito de un anhelo y un pedido públicos, en la memorable y avanzada solicitación que el Cabildo de Lima, en nombre del pueblo capitalino presentó al representante regio ( 16 de diciembre de 1820), reclamando la iniciación de negociaciones in– mediatas con San Martín, y hasta aconsejando, para el caso de fra– caso de las mismas, una capitulación con él. Las proposiciones de paz o de armisticio proyectadas, aguáron– se esta vez, según también recordará el lector, por el ruidoso recha– zo y la protesta quijotesca de los jefes y oficiales hispanos del regi– mient o "La Concordia". 11 Sobrevino el descontento del ejército realista contra la inacción y las vacilaciones de Pezuela; descontento que, atizado subterránea– mente por los odios y ambiciones de sus compañeros de armas, a la vez que por la sorda intriga de los agentes de San Martín y de los corifeos patriotas de la capital, irrumpió al cabo en el escandaloso pronunciamiento de Asnapuquio, en que, a fuerza viva, se depuso a Pezuela y se elevó a La Serna. Ya en el solio, diose cuenta este último, no obstante sus pujos bélicos campantes y notorios, que una cosa era mirar los aconteci– mientos de mero espectador y desde el llano; y otra contemplarlos, a plena altura, con las responsabilidades y peligros que afligen y rodean a quienes se constituyen causantes, dirigentes y árbitros de una situación. Vieron los lasernistas que, salva la movilidad aparen– te, en el fondo inactiva, que desde luego imprimieran en sus tropas, no era gran resultado el que pudieran obtener en una campaña, su– puesta la miseria de su erario, la decadencia de los ánimos y el incre– mento del espíritu rebelde en la opinión. De donde resultó que, no pasados más que once días de su exaltación al poder, maniatado para obtener cualquier ventaja, y menos para conquistarse un éxito militar positivo y eficiente; y por eso mismo, anheloso de ganar tiempo, co– mo Pezuela, a fin de reforzarse, decidió el virrey novísimo tornar al sistema de las argucias y los escarceos diplomáticos, que inició él mismo, en comunicación privada del 9 de febrero de 1821, pro– poniendo una entrevista en Chancay, entre dos jefes superiores del ejército de San Martín y dos del ejército del rey, "por si se pudiese hallar un medio de conciliar los intereses, y concluir las desavenen– cias entre españoles americanos y europeos"; entrevista que debe– ría efectuarse "en el término de veinticuatro horas, suficiente, si se obrara de buena fe, para arreglar las bases esenciales", que, aún no

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