Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
208 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ todos opuestos: el aconsejado por el general divisionario, y el segui– do testarudamente por el general en jefe (22); hecho lo cual, dedu– ce las debidas consecuencias: "Si los sucesos -exclama, en efec– to- pueden servir de regla para decidir cuestiones de esta natura– leza, es oportuno recordar que, desgraciadamente, no tardaron en venir a comprobar los justos presentimientos del general Arenales. Los españoles se rehicieron en la sierra, sin que nadie los molestara; volvieron a los arrabales de Lima, antes de los tres meses de su sa– lida; pudieron retirarse sin ser batidos; y, poco después, atropellaron y deshicieron la nueva división en lea a las órdenes del bisoño ge– neral Tristán. Sucesos de mayor bulto continuaron el desenlace de estos antecedentes. La guerra no terminó hasta principios de 1825, después de tremendas alternativas. El mismo general en jefe envainó su sable, rehusó sostenerse en el teatro de los sucesos, y volvió las espaldas a una eminencia donde estaba. . . la palma que supo con– quista Bolívar" (23). (22) Aquel paralelo dice: "El general en jefe se proponía concluir la cam– paña (aunque fuese lentamente), por medio de la guerra de recursos y estra– tagemas. De este modo contaba desmoralizar el ejército español, debilitarlo y reducirlo a la última extremidad, habiéndole alejado de las costas y privá– dole de todos los medios de acción, influjo y movilidad. En este sistema, el Ejército Libertador debía formar la reserva, y servir de punto de apoyo a los esfuerzos generales y más o menos activos de los habitantes. Su tendencia directa era salvar la grande empresa que estaba a su cargo, sin ligarla al éxi– to dudoso de una batalla, que, a ser adversa, habría, en su concepto, parali– zado sus operaciones.- El general Arenales, al contrario, propendía a que la campaña fuera conducida por operaciones firmes y sucesos decisivos, toda vez que la oportunidad los indicara. Así, instó siempre (e hizo por su parte lo que pudo) por el más pronto y considerable aumento de las fuerzas de lí– nea del Ejército Libertador, atendido que las proporciones materiales del país y su excelente disposición moral, facilitaban este expediente, hasta poder sacar ocho o diez mil soldados de las provincias de la sierra; soldados que tanto menos habrían durado sobre las armas, cuanto mayor fuese su núme– ro y menos tiempo se diese a los enemigos de r eorganizar su ejército.- Sin íl.esconocer las ventajas positivas de la guerra de recursos (en su verdadero significado), Arenales sentía igualmente sus inconvenientes y consecuencias; por lo que la consideró mas bien como un elemento auxiliar o de reserva, para el caso de faltar fuerzas disciplinadas, o de sufrir algún revés de trascenden– cia. Sobre todo, Arenales descubría el mayor peligro en la duración indefini– da de este sistema de guerra, por diferentes y serios motivos, que no omitió representar y que sería impertinente detallar aquí''.-Memorias, págs. 149 y 150. (23) Op . ref ., págs . 150 y 151.
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