Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
EXPEDICION DE ALVARADO 163 11 La racha realista de saqueos, incendios y calamidades que sopla– ba feroz sobre los pueblos al paso de Carratalá, trajo ante Arenales una muchedumbre de diputaciones indígenas, enviadas en demanda de avance y protección. Alvarado, único jefe superior utilizable, des– pués del fracaso ruidoso de Gamarra (si bien tan pesado e irresolu– :to como este último), recibió la comisión de salir con su vanguar– dia, perseguir y batir al odioso y odiado coronel español. Los datos que se obtenían y los agentes que llegaban confirmaron la noticia de que la columna perseguida, descuidando, "como impracticable, las ásperas cumbres de Chupaca", permanecían atentas tan sólo a la defensa del puente de Izcuchaca, con su núcleo acantonado tran– quilamente en Ruando. Alvarado tomó dos buenos guías, con los cuales trepó luego las gargantas y eminencias vecinas; esguazó el Mantaro (probablemente en Casma); y, ya constituido a la orilla derecha de aquel río, avanzó esta vez decididamente, sobre el acantonamiento de la columna rea– lista. Hallábase a no mucha distancia de ésta, cuando liególe manda– to perentorio de detenerse y retrogradar, por haberse celebrado, por un plazo de veinte días, el armisticio de Punchauca (23 de mayo). Ob5erva Arenales (en sus Memorias) que este avance de Alvarado no fue advertido entonces, ni conocido después, por el adversario; circunstancia que, de llevar ese avance hasta su término, pudo ha– cerlo sorpresivo, y, por eso, certero y eficaz. 111 Dedicóse aquella tregua al ensanchamiento y perfeccionamiento de las fuerzas, y al aumento máximo de los recursos para el futuro necesarios. Lo que pudo haber sido inacción y sosiego, resultó pe– ríodo de furiosa actividad. Instaláronse tres buenas maestranzas: tma en Jauja, otra en Tarma y una tercera en el Cerro; la primera para "recorrer la artilíería y habilitar el armamento descompuesto"; y las dos últimas, para la fabricación de monturas, correajes y toda clase de equipos. Acantonáronse los cuerpos en una larga línea, de sano clima y abundantes bastimentos, que comprendía desde Tarma !hasta Huancayo; y se comenzó en ella a almacenar estos últimos y a recolectar una gran cifra de mulas y caballos, puestos a inverna ''en las poblaciones de retaguardia". Se intensificó la instrucción de los reclutas, que en gran número empezaron a llegar de toaos los puntos próximos; y con ellos se engrosó los cuerpos preexistentes, y se or-
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