Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

150 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ "refeccionar a sus animales aprovechando de los alfalfares" del pue– blo. Al llegar a Carhuamayo y recibir este parte (17 de mayo), Are– nales montó en cólera, como era natural; cólera que le duró por al– gún tiempo (5). IV A las doce del día 18 de mayo llegó el núcleo de la división a Reyes, y todavía, después de cinco días (desde el 13) encontróse que 'la madera ardía en el fondo de muchas habitaciones" ( 6). Los dos mil habitantes de aquel desgraciado pueblo, quemado y reedificado tantas veces, habíanse remontado en su mayoría a las alturas pró– ximas, desconsolados con el incendio de sus hogares; más que todo, de encontrarse inermes y temerosos por supuesto de la rabia de los españoies. Muchos de ellos, casi todos, descendieron de sus saxálicos escondites, escudados y seguros ya de la protección de los patriotas, con los cuales entregáronse a efusiones conmovedoras, brindándoles en seguida multitud de delicadas atenciones. El mismo general, en las Memorias que redactó su hijo, encárgase de dejar constancia de la patriótica conducta de ese desventurado pueblo, en palabras y con detalles que no podemos dejar de copiar en esta Historia: -"Los res– tos, dice, de aquellos desvalidos habitantes ofrecieron los mejores testimonios del más tocante patriotismo. Una de sus demostraciones de obsequio fue la abundante y espléndida comida que habían prepa– rado para las tropas, colocando en línea, al contorno del cuadro de la plaza, un gran número de fogones cubiertos de asados, y grandes ollas de varios potajes al uso del país. Con tan magnífico aparato, las tropas no tuvieron que guardar más cumplimientos. Armaron sus pabellones sobre el cuadro en que estaban formadas, y se entre– garon con muy buena gana a esta batalla campal, que no dejó de ser curiosa, y apenas era interrumpida por los abrazos y vivas de los naturales, que también se ocupaban con diligencia en preparar los utensilios y servir los platos. El cura y los pocos vecinos que aún podían lisonjearse de haber salvado algo del incendio, se apresura– ron a obsequiar a los jefes y oficiales llevándolos a sus casas" (7). Aquel día fue por demás alegre. Los soldados patriotas, rodea-– dos del cariño y del respeto de los indios, gozáronse en el poético (5) "Esta ocurrencia, dicen literalmente las Memorias del general, le causó una grave indisposición de ánimo por muchos días" .- Ed. cit., pág. 82. (6) Id ., pág. 80. (7) Págs. 82 y 83, ed. cit.

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