Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

CAPITULO VI SUSPENSION Y REAPERTURA DE LAS HOSTILIDADES.- LA RETIRADA Y EL REEMBARCO 1 Descansó Miller en La Calera dos días: el 27 y el 28 de mayo. En la noche de este último, aguardó la aparición de la tar– día luna, para con su luz cruzar mejor el vecino desierto; y partió, mucho después de la media noche, de regreso a Torata, dejando en La Calera un oficial y seis soldados, con la misión de cuidar parte del botín y, más que todo, de atender a aquellos heridos que, por su decaimiento o gravedad, encontrábanse incapacitados de volver. Atormentada la columna vencedora por un frío pungente (y la mayoría de ella, por el soroche), bajó penosamente y paso a paso, por la tortuosa vía que, dando prolongada vuelta en torno de las altas cumbres, trazaba, en ese entonces, uno como semicírculo, grabado por trémulo pulso entre Torata y La Calera. Siguiendo aquella caminata terrible el 29, se llegó al fin a Mo– quegua. La tropa independiente, aplanada por el cansancio, el hambre y la sed, recibió aquel día las más afectuosas atenciones de parte de los vecinos, que, esta vez por una razón más, tributáronles aclama– ciones tan entusiastas como sinceras. II Hubo un instante en que, por el cerebro de Miller cruzó, como un relámpago, el atrevido pensamiento de internarse hasta Arequipa, y habérselas con el propio Ramírez Orosco; pero, bien consideradas las cosas, y sabiendo, por recientes datos, que este general aunque debilitado por el desprendimiento de fuerzas hecho en auxilio de la capital, contaba todavía con unos ochocientos soldados, bien tenidos, veteranos en su mayoría, y los otros regularmente disciplinados, de– sistió de su temerario proyecto, y optó por dar a su gente el desean-

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