Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

DE MIRAVE A MOQUEGUA 121 En el instante, pues, organizó el activo comandante una colum– na escogida, aunque pequeña, de doscientos hombres máximum; a saber: ciento cuarenta de infantería y sesenta de caballería con la cual partió rápidamente en pos del enemigo. Llegado a Torata, encontróse con que Rivero, a toda pausa, tran– quilo y confiado en que nadie estaría impuesto de su paso ni su rum– bo, había avanzado hasta Chuchusquea; proseguía, por la cuenca del Torata, hacia Carumas; y el 26 acababa de poner campamento en La Calera, lugarcillo ubicado, a gran altura, sobre las nacientes del río de Moquegua y a dieciocho leguas de esta ciudad. Miller, por lo mismo, decidió no detenerse un sólo instante; y tras una marcha dificilísima de dieciocho horas (por la escabrosa senda que bordea las gargantas de Torata, para ir de este punto a La Calera), aproximóse a este último lugar sin ser sentido, y ganó sus aledaños, ansioso de sorprender a su adversario y deshacerlo. V Serían las nueva de la noche del propio día 26 de mayo, cuando los independientes! llenos de entusiasmo y de valor, se descolgaban, al toque súbito de ataque, sobre la dormida y descuidada columna 1realista. La confusión de ésta fue espantosa. Sin pensar siquiera en detenerse y resistir, los soldados españo– les y sus jefes "apenas si tuvieron tiempo para ensillar y entregarse a la fuga"; fuga en la que, perseguidos tenazmente por el espacio de dos leguas, todos los que no perecieron o se pasaron a los patriotas, "fueron dispersados o hechos prisioneros". "De más de seiscientos realistas -dice el jefe vencedor- que componían los dos destacamentos desprendidos de Arequipa y Puno, quizá ni unos veinte hombres reuniéronse otra vez al ejército espa- "aseguraron a los indios que ni el tributo ni ningún otro sacrificio se exigía de ellos, y que los patriotas, hermanos suyos de armas, iban para libertarlos de la tiranía y la opresión. Estas seguridades, y la conducta observada para con ellos, produjeron un sentimiento extraordinario de patriotismo y entusiasmo en aquellos ultrajados y oprimidos indígenas".- Y añade que, en consecuen– cia de lo anterior, "siempre que los patriotas se encontraban con indios, in– mediatamente les encargaban recorrer el país y traer a los realistas próJugos que vagaban por él, los que en su mayor parte, tirando las armas, se rendían sin resistencia. Para estimular a los indios en este servicio, dabánles dinero y, de cuando en cuando, rma mula cansada, que les permitían conservar como suya, entregando un prisionero español en Moquegua. Memorias, I, 292.

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