Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

CAPITULO V DE MIRAVE A MOQUEGUA.-LA CALERA I Sin cuidar se ya, en manera alguna, del tímido Rivero, que, sin atreverse a combatir, refundíase en las quiebras de la cordillera oc– cidental, Miller -el mismo 22 de mayo, fecha de su glorioso triun– fo- emprendió rápida marcha en sentido sudoeste, pisando per– sistentemente la huella de los vencidos, cuya retaguardia picaba de cerca la caballería de Soler. Al declinar del 23 hízose alto en el pueblo de Locumba. Allí, aunque solícitamente atendidos con abundante rancho, ofre– cido con tenaz empeño por la simpatía de los pobladores, los pa– triotas expedicionarios tumbáronse sobre el santo suelo, debajo de unos árboles, a dormir y sin comer, abrumados por una caminata sin descanso, ya larga de diez horas. Tres después continuó el viaje hacia Moquegua. Era la medianoche, cuando presentáronse a las tropas dos vo– luntarios, pidiendo ser inmediatamente admitidos en las filas inde– pendientes. Era el uno un joven de veintidós años; y el otro apenas un ado– lescente, pues contaba, cuando más, unos diecisiete. Llamábase éste último Mariano de Rivero y Miguel San Román el otro. Aquél, eva– dido del colegio seminario de Arequipa, al saber que los patriotas habían desembarcado en Arica y ocupado Tacna, predestinado estaba a tener muerte temprana. Prisionero en la Acción de la Macacona casi un año después, sucumbió a su "constitución endeble" y a las fatigas de una dilatada marcha a pie, cuando conducíasele de lea al Titicaca, para ser recluído en el inclemente islote de Esteves. E l segundo, hijo del mártir de su nombre (degollado en Puno a la vista de su vástago, cuando éste era casi un niño), debería, an– dando el t iempo, empuñar el bastón de mariscal, y llegar hasta ejer– cer la magistratura suprema de su patria a la cual ofrendaba nueva– mente el tribu to de su existencia (1). (1) Herrera, Album, cit . , pág . 272 .

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