Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
106 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ VII Estas providencias 1 para Camba, eran desacertadas. Envolvían, dice aquel autor, "dos errores de consecuencia"; a saber: 1? el de "no haber hecho marchar sobre el enemigo a todo el batallón del Centro, que era el más inmediato, y que habría, por su buena calidad, obtenido el resultado que se buscaba, reemplazando a ese cuerpo -en Puno- con el Gerona, ahorrando así marchas, y ganando, sobre todo, un tiempo que era precioso"; y 2? el de que "no se hubiese señalado a aquellas tropas, mandadas mover de sitios tan diferentes y distantes, un punto conveniente y seguro para su reu– nión, desde el cual partiesen luego, concertadamente, las operaciones que se fiaban al coronel La Hera, evitando, por este medio, el triste ~ncuentro de Mirave" ( 12). Sea de ello, lo que fuere, bástenos decir que, mientras Rivero y Ameller bajaban a la costa por las sendas detalladas en sus respec– tivas instrucciones, La Hera, que era el más próximo al teatro de los sucesos, salió presuroso sobre Moquegua; se agregó allí la guarnición de cien plazas existentes a las órdenes del entonces subdelegado del partido, coronel peruano don Mariano Portocarrero, y continuó ca– mino a Tacna; sólo que, en vez de marchar directamente sobre esta población (en la que estaba Miller), dio media vuelta de Locumba a Ticapampa, en la cordillera; esto es, realizó una diversión hacia le– vante, en pos del medio batallón del Centro y de Rivero su jefe; procedentes, como se ha dicho, de Puno, y a los cuales, no sin razón, suponía ya en momentos de llegar a esos parajes. El 20 de mayo de 1821, a la espera de sus conmilitones, acampó, al atardecer, junto a un riachuelo, en la aldehuela de Mirave; poético lugar, ubicado sobre un verdadero vergel, claveteado de cañaverales y viñedos, perteneciente a la parroquia de Ilabaya, y distante de la ciudad de Tacna veinticuatro leguas, o sean ciento treinta y tres ki– lómetros. VIII Miller tenía conocimiento exacto y pormenorizado de estos mo– vimientos, no sólo por conducto de los pobladores de la zona, todos adictos a su causa; sino por avisos secretos y consecutivos de las propias autoridades realistas, algunas de las cuales tiempo había, simpatizaban con las banderas de la emancipación y de la libertad. (12) Memo rias, t . 1, págs . 403 y 404.
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