Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
LA DIVISION MILLER EN ARICA Y TACNA 103 negra de las perfidias (3); pero que, sinceramente arrepentido de su falta, y convertido con fervor a las banderas de la Patria -senti– mientos que en el acto aquilató el espíritu perspicaz del noble Mi– ller- fue bondadosamente admitido por éste, y utilizado de seguida, con provecho, en sus planes y operaciones, por las infinitas relacio– nes que el converso dondequiera cultivaba, y el profundo conoci– miento que de lugares, recursos, personas y cosas poseía ( 4). IV Por supuesto que las adhesiones enunciauas fueron más numero– sas y eficientes de parte de los antiguos patriotas. Y fuéronlo en tal grado, que Cochrane concibió la idea de organizar un cuerpo con el nombre de "Regimiento independiente de Tacna" (5); y hasta le se- (3) Consistió ésta en la entrega que Landa hizo -al general don Juan Ramírez Orosco- de los patriotas José Astete y José Cherveches (cusqueño aquél y argentino éste), que, con el famoso presbítero Dr. D. Ildefonso Mu– ñecas, todos escapados a la cruenta rota infligida a Pumacahua, trotaban, en pos de salvación y d e desquite, por la ruta, ya lejana, de Moquegua. Ocurrió entonces que Landa, uno de los oficiales fugitivos (no era a la sazón, sino teniente) -seducido, según dicen, por el obispo de Arequipa, Dr. D. Luis Gonzaga de la Encina y Díaz Perla- consumó una contrarrevolución, de la que dichosamente se evadió con vida el cura Muñecas (cogido y asesi– nado más tarde); pero en la que cayeron detenidos Cherveches y Astete. Fusiló Ramírez a estos últimos en Arequipa, y premió a Landa con la clase de capitán y con la subdelegación de Moquegua. (4) Miller píntanos a Landa de este modo: "Peruano; de unos cincuenta años; de cmco pies y once pulgadas de estatura; un tanto delgado, pero de huesos abultados; rostro encendido y despejado y ojos penetrantes". Y cuen– ta a renglón seguido: ''Después de ofrecerme sus servicios, díjome: Ud. oirá a sus partidarios hablar mucho y muy desfavorablemente de mí. Dirán que, en otro tiempo, he sido un atroz perseguidor de los patriotas; y dirán la verdad. Algunos dudarán de la sinceridad de mi conversión, y procurarán in– fundir la desconfianza en Ud.; pero Ud. necesita de un hombre, como yo, que conozca a todo el mundo, y que haya recorrido, paimo a palmo, todo el territorio de los puertos intermedios. Cuento con la sagacidad de Ud., y le ofrezco la ocasión de aprovechar mis conocimientos. Empeño mi palabra de soldado en su favor, y jamás tendrá Ud. motivo para arrepentirse de la con– fianza con que tenga Ud. la bondad de honrarme.- Miller admitiólo, con su clase y grado, en el ejército independiente; y, en realidad, no tuvo nunca motivo para arrepentirse de la fe depositada en Landa, desde que se le pre– sentó y habló en los indicados términos". Memorias, t. I, págs. 280 y 281.– El convertido purgó su falta primitiva y glorificó su patriotismo renaciente, con el sacrificio de su existencia: los realistas lo fusilaron, después de hecho prisionero en la batalla de Moquegua (21 de enero de 1823) . (5) Camba, I, 403.
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