Historia de la emancipación del Perú: el protectorado
LA DIVISION MILLER EN ARICA Y TACNA 97 Ello, como ya se dijo, coincidía con la nueva y última salida de un cuerpo de desembarco, en esta ocasión dirigido al portezuelo de Sama, diez leguas, nada menos, al septentrión del de Arica; y ya no en lanchas y botes inestables e inseguros, sino en las tres goletas hispanas apresadas en el surgidero; a saber: la José, la Lord Cathcart y la Colombia, más amplias y cómodas, más fuertes y firmes, más estables y seguras para el caso, por sus propias dispo- siciones y naturaleza. , Esas goletas tomaron provisiones y aguada para veinticuatro ho– ras, y partieron en seguida (7 de mayo). XI Cómo quedó Arica después del bombardeo, podrá decírnoslo un célebre marino; mnemógrafo sesudo e imparcial, que viajaba a lo largo del Pacífico por aquella interesante y fecunda época. ¡Y ... casual coincidencia! La visita que ese personaje hizo a la histórica ciudad, efectuábase el 7 de junio, fecha del magno sacri– ficio, años después, del Leonidas americano, Francisco Bolognesi. ·. "La población -refiere Hall (que así nombrábase el curioso y prolijo viajero)- estaba casi desierta. A cada paso comprendíase que acababa de ser teatro de operaciones militares. Las casas apa– rncían desplomadas y devastadas; las puertas, desgoznadas y saca– das, el moblaje destruído, vacíos los almacenes y despachos ... Don– dequiera palpábase la ruina y el desorden. . . Cuando los patriotas atacaron, la mayoría de los pobladores hizo éxodo hacia el inte– rior. Calles y h~bitaciones quedaron abandonadas. El silencio im– perante en todas partes, acentuaba el horror de escena tan deso– fadora. Los vecinos que, por enfermedad u otros motivos, no pu– dieron alejarse, encontrábanse reducidos a la más espantosa des– nudez_ Casas hubo donde no tuvimos sillas en que sentarnos ... " (17). XII Cuarenta y ocho horas después de la partida de Arica, la expe– dición mandada por Miller y despedida con rumbo boreal, avistó el morro de Sama, en la caleta y sobre la desembocadura del río de su nombre; y, sin oposición ni obstáculo, púsose en tierra (9 de mayo). "Al desembarcar -cuenta su propio jefe- temblábanles las rodillas a los soldados, aún no del todo repuestos de las fiebres (17) Basil Hall, Viaje a Chile, el Perú y Méjico, 1820 a 1822, t. I, pág. 177, ed. ed1mburguesa de 1825, Passim.
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