Historia de la emancipación del Perú: el protectorado

88 GERMAN LEGUIA Y MARTINEZ aguas. "Los patriotas, sobre todo, patrullaban frecuentemente en el desierto de separación; y poseían, si bien nominalmente, la orilla izquierda del Chincha" ( 14). A poco surgieron dos inconvenientes gravísimos, que reduje– ron las operaciones a una completa nulidad. Acrecieron las lluvias de la sierra, y, con ellas, la abundancia y el ímpetu de las corrientes fluviales; y pronuncióse luego, en am– bos campamentos, epidemia agudísima, parecida a esotra que azo– tara al ejército en los acantonamientos de Huaura. Multitud de soldados cayó enferma, y los jefes mismos (Camba y Miller), imposibilitados de tenerse en pie, hubieron de guardar cama. Veintiocho independientes sucumbieron, víctimas de fiebres de– voradoras; ciento ochenta pasaron a los hospitales improvisados en las casas del puerto y pueblo de Pisco; y el resto, también acometido por el flagelo, viose amenazado de muerte, sin facultativos, medici– nas ni recursos; ni esperanza siquiera de conseguirlos, en un tiempo en que el propio núcleo del Ejército Libertador se deshacía, por ca– rencia de lo estrictamente necesario. X Serios cuidados inspiró, sobre todo, el estado de Miller (15). Aunque muy bien asistido por "su criado Ortegas y por el escla– vo pisqueño Ildefonso, su ordenanza" (16), así como atendido con "bondadoso esmero" por la nobilísima familia que le había brinda– do alojamiento (17), viose pronto convertido "en un esqueleto" (18), al extremo de "no poder ni sentarse, solo, en su lecho", en el cual yacía desde hacía tres semanas. Asustóse al verle Cochrane, de regreso del Callao, encontrándo- (14) Miller, Memorias, I, 271. (15) Este jefe ''estábase en Pisco unas cuantas horas cada día; pero, antes de ponerse el sol, repasaba el río para dormir en sus puestos avanza– d?s ... A: pesar de acostarse todas las noches con la ropa mojada, conservóse bien vanas semanas con sorpresa general. Había escapado de las calenturas intermitentes en Huacho, ''donde no hubo un solo individuo que no estuviese enf~rmo y aun recayese varias veces. Ya se principiaba a creer que su consti– tución estaba a prueba de agua, cuando fue atacado por unas tercianas tan 1:1alignas, que le dejaron como un esqueleto. Alternando entre el frío y la fiebre acompañada de delirio, su situación llegó a ser verdaderamente dolo– irosísima".- Memorias de ese general, vol. I, págs. 271 y 273, passim. (16) Negro tinto, de la hacienda de Caucato. (17) Una señora Martínez y sus dos hijas.- Memorias cits I 273. (18) Loe. cit. ' '

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