Hacer de la lectura una experiencia: reflexiones sobre mediación y formación de lectores
86 adapten a este horizonte. Por ejemplo, nos podría lle- var a implementar diarios de lectura, para favorecer la respuesta personal e íntima de cada lector, y espacios de socialización como recomendaciones literarias entre pares, para poner a dialogar unas y otras experiencias de lectura. De este modo, estaremos concibiendo un aula en la que se promueve un continuo equilibrio entre el plano individual ( el sujeto lector ) y el plano social ( la co- munidad interpretativa o comunidad de lectores en la que ese sujeto se inserta). ¿Qué retos encuentras para la formación de lectores, la for- mación de mediadores y el ejercicio de la mediación lectora en los contextos latinoamericanos? Comenzaría alertando sobre los peligros de aquellos discursos facilistas que continúan vinculados a muchas prácticas de fomento lector en Latinoamérica. No ol- videmos que el objetivo final de nuestro trabajo no es que los niños «lo pasen bien» en las actividades que hemos preparado (¡lo que por supuesto es genial!), sino que esas actividades e intervenciones, cualquiera que estas sean, les ayuden a construir una identidad lectora en su espacio personal . Esa identidad supone no solo la capacidad de disfrutar con actos espectaculares relacio- nados con los libros; sino, sobre todo, de disfrutar de
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