una aproximación a la labor de Francisco García Calderón, Guerra, 1991 (I, pp. 174195). 748 El gobierno de García Calderón declaró vigente la Constitución de 1860, que había sido declarada en suspenso por el Estatuto Provisorio de la dictadura pierolista de 1879, y procuró, asimismo, la instalación del Poder Legislativo y Judicial. 749 El apoyo de la comunidad financiera internacional resultaba fundamental para hacer frente a los ingentes gastos de indemnización al gobierno de Chile. Fue por ello que el Gobierno Provisorio retomó las conversaciones con la Sociedad General de Crédito Industrial y Comercial, entidad interesada en el salitre y el guano. Aquella obtendría la exclusividad de estos abonos, a cambio de asumir por cierto número de años la deuda peruana, a pagar a Chile una indemnización de veinte millones y a garantizar las obligaciones nacionales de ambos países (Basadre, 1968-1969, VI, p. 265). Este asunto también es discutido detalladamente por Bulnes (1919, III, pp. 65-72). 750 Los civilistas eran vistos en Junín como «los grandes egoístas de la Banca limeña, antiguos monopolizadores de aquellos filones de riqueza pública que se llamaron huano y salitre, y cuyos embrollos y trabacuentas originaron la maldita guerra que nos abate y nos aniquila». Para el punto anterior ver El Porvenir de Junín, n° 5, citado por Manrique (1981, p. 79), y Basadre (1968-1969, VI, p. 261) . 751 En su mensaje al Congreso de Chorrillos García Calderón señaló que la dictadura, después de haber eliminado las libertades públicas, derrochado los caudales del Estado, sembrado la anarquía social y puesto «acechanzas» al ejército del sur, concluyó «causando la terrible hecatombe» de San Juan y Miraflores (Mensaje de S.E. el Presidente Provisorio de la República Dr. Don Francisco García Calderón al Congreso Extraordinario de 1881). En la proclama «A los Pueblos del Perú» los miembros del Gobierno Provisorio puntualizaban que la ilegitimidad de la dictadura radicaba en que se había levantado «contra las instituciones patrias, en circunstancias esencialmente militares». 752 Para la negociación con Hurblut ver Basadre (1968-1969, VI, p. 268) y Guerra (1991, I, p. 253). Un detallado análisis del Protocolo de Chimbote en Bulnes (1919, III, p. 133). 753 Bulnes la denomina «el embrollo indescifrable de la política norteamericana» (Bulnes, 1919, III, pp. 108-109). Por otro lado, William Sater anota el maniqueísmo de Blaine, para quien Chile era el brazo armado de Gran Bretaña contra los intereses del Perú (Sater, 1990, pp. 38-39). 754 Las instrucciones de Hurblut fueron publicadas en La Bolsa, 11 de enero de 1882 y las de Kirpatrick aparecen en Healy (2002, p. 68). 755 A partir de la Campaña de la Sierra, sostiene Bulnes, la guerra asumió «una forma odiosa y salvaje». Ello porque «la indiada» se entregaba a «la ferocidad de sus instintos» (Bulnes, 1919, III, p. 285). La Campaña de la Sierra exhibió cuatro momentos: 1) La Expedición Letelier (abril a junio de 1881); la Expedición a Junín (enero a julio de 1882); la Expedición Arriagada (abril a mayo de 1883) y la Operación Gorostiaga (junio a julio de 1883). 756 Dentro de esta tendencia por preservar a la guerra dentro de los confines de la civilización es interesante anotar que la presencia en la campaña de Lima de los observadores británicos William Dyke Akland y Carey Brenton obedeció en cierta 414
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx