que fracasaron y dieron paso a la guerra (1865-1866). Entre el 17 de abril y el 13 de octubre de 1879 fue nombrado, sucesivamente, ministro de Relaciones Exteriores y Colonización; del Interior, y de Guerra y Marina subrogante. El 18 de setiembre de 1881 fue elegido presidente y después de dejar el poder fue nombrado presidente del Senado. 700 En 1885, Pedro Pablo Figueroa solicitó a Santa María revisar los datos que sobre él había reunido para la redacción de una biografía que aparecería en su Diccionario biográfico de Chile. La respuesta del mandatario fue mucho más allá. Pasando por alto las instrucciones recibidas, decidió redactar él mismo su biografía y la devolvió junto a una carta que hoy se conoce como el Autorretrato. En palabras del historiador Francisco Antonio Encina, Santa María expuso allí su personalidad «con un realismo y una crudeza que no vuelven a encontrarse en otro estadista chileno» (Encina, 1984, XXXV, pp. 96-99). 701 El libro consta de los siguientes artículos: «La elección de Santa María; «Los falsificadores de 1882» y «Nuestros regímenes representativos de 1886». En su excelente libro Los mitos de la democracia chilena, desde la conquista hasta 1925 (2004), Felipe Portales observa en Santa María las mismas ideas matrices que en Diego Portales: el desprecio del pueblo que hay que mejorarlo a palos; la concepción de que la democracia es siempre para el futuro, no para el presente; y la necesidad, para que el sistema funcione, de utilizar sin restricción todos los medios autoritarios que se consideren útiles para los fines perseguidos. De este modo, no puede extrañar —señala el autor— que, previo a las elecciones parlamentarias de 1882, se hubiera incendiado el local donde se conservaban los registros electorales de Rancagua, donde la oposición contaba con numerosas fuerzas, «salvándose solo la sección de ellos en que aparecía el mayor número de inscritos que votaban por el gobierno; hecho que llevó al Partido Conservador a retirarse de la elección». 702 Severo Perpena, «Dos Ilustres Americanos», La Libertad Electoral, 30 de abril de 1886. 703 Para un seguimiento el pensamiento de Santa María sobre los dilemas de la guerra ver su correspondencia con Pinto. AN.FV., vol. 416, ff.3-100. 704 Domingo Santa María a Aníbal Pinto, 6 de febrero de 1880, en AN.FV., vol. 416, f. 74 705 Su permanencia en la marina inglesa le permitió recorrer todo el litoral del Mediterráneo (Italia, Grecia, Turquía, Asia, África, Egipto y Francia) e incluso participar en la Guerra del Opio. Para una aproximación a la vida de Lynch ver Holley, 1892. 706 Eulogio Altamirano a Aníbal Pinto, Lima, 26 de enero de 1881, en AN.FV., vol. 415. f. 202. 707 Cuando Lynch llegó a Lima encontró el Palacio de Gobierno convertido en «un gigantesco burdel» por los abusos de sus predecesores (Ortiz Benites, 2013, p. 13). La lucha que emprendió La Moneda era, de acuerdo a Bulnes, contra la relajación producida por la molicie de la victoria. La relajación del ejército que cambiaba de manos «a diario» había creado la mala costumbre de que los soldados se regresasen sin permiso a visitar a su familia. Lagos era «un hombre de espada» sin conocimiento 410
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