Guerreros civilizadores

(Comandancia de la Caballería)» y «Parte del Ingeniero de Ejército y Armada, Federico Stuven». Todos ellos aparecen reproducidos de manera íntegra en Boletín de la Guerra del Pacífico (Fernández Larraín; Izquierdo Araya & Fuenzalida Bade, 1979, pp. 832839). Pascual Ahumada recopiló también una importante cantidad de documentos relativos a esta expedición en su obra Guerra del Pacífico (III-IV, pp. 507-555). 643 De acuerdo al historiador peruano Mariano Paz Soldán, la ausencia de resistencia militar se debía a que la zona no necesitaba guarnición, pues toda la extensión de la costa peruana, desde Supe hasta Trujillo, se encontraba poblada por haciendas de caña donde trabajaban «ciudadanos pacíficos» que «vivían confiados en las leyes de la humanidad y del derecho internacional», fuentes que condenaban el ataque a la propiedad privada durante la guerra (Paz Soldán, 1884, p. 830). 644 «Parte del Comandante J. León García» (Paz Soldán, 1884, p. 835) y «Parte de S. Urízar Garfias» (p. 836). Entre el 12 y el 17 de setiembre, Urízar Garfias estuvo encargado de coordinar el embarque en el Itata del azúcar y el arroz sustraído de las haciendas norteñas. En Paita, la tropa bajo su mando fue comisionada para embarcar pacas de algodón y zurrones de cascarilla. 645 «Desembarco de la Expedición Lynch en Chimbote: telegramas, parte oficial, notas cambiadas y correspondencia» (Ahumada, 1982, III-IV, p. 527). 646 Federico Stuven, quien merece un estudio biográfico aparte, fue conductor de locomotoras en las montañas de Tarz y más adelante copropietario de la «Fundición Stuven y Chambery» que operaba en Valparaíso. Precisamente por ello desempeñó un importante papel durante la guerra contra España. En el Perú montó ingenios azucareros, fábricas de algodón, fue autor de una Guía del Ingeniero Mecánico y estableció en Buin una industria de papel de estraza. Durante la Guerra del Pacífico, como veremos, destacó por sus importantes cometidos a favor del Estado chileno, Estado al que sirvió con tanta fidelidad que incluso llegó a perder una pierna en una de las tantas misiones a las que fue comisionado. 647 Para este y otros pormenores de la participación de Federico Stuven en la Guerra del Pacífico, ver Bunster, 1973. 648 En telegrama enviado a Aníbal Pinto desde Arica, con fecha 25 de setiembre de 1880, Samuel Valdivieso comunicaba que la expedición Lynch había destruido «por completo» la hacienda del señor Derteano (Ahumada, 1982, III-IV, p. 507). Una descripción de la hacienda hecha por Eloy Caviedes, corresponsal de El Mercurio, permite hacernos una idea del inmenso valor económico y estético de Palo Seco. Según el corresponsal, la «casa era una verdadera ciudad, o más bien dicho, un castillo feudal; los edificios eran obras de todo lujo. Sus formas artísticas tenían semejanza con el Palacio de la Exposición de Santiago». Asimismo, «las maquinarias del establecimiento azucarero y de destilación de ron eran una maravilla por su buen gusto, por su aseo y su calidad». Esa maquinaria, informaba el publicista, había costado 100 000 libras esterlinas. El campo, por otra parte, estaba cultivado con la misma esplendidez y grandeza del resto de las instalaciones. «Hasta perderse la vista, decía, todo estaba sembrado de caña dulce». Para esta cita y otros detalles en torno a lo ocurrido en la hacienda Palo Seco, ver Paz Soldán (1884, pp. 533-536). 649 Para un recuento de cómo la población chiclayana vivió la invasión, ver «Correspondencia a El Nacional de Lima, Chiclayo, 24 de octubre de 1880» (Ahumada, 342

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