Guerreros civilizadores

CAPÍTULO 1. «CHILE VIEJO Y CHILE NUEVO» «No diviso luz en parte alguna, sino bien al contrario profunda oscuridad. Vamos a cometer una escabrosa empresa sin hombres competentes que la dirijan, y en la cual sufrido un descalabro, el país va a descender muchos estados abajo…… Vamos a jugar a una carta toda nuestra bolsa». Domingo Santa María a Antonio Varas, 11 de junio de 18799. «Antes de que el vapor parta alcanzo a darle un abrazo desde Chile nuevo. ¡Diablos! Pienso que este Chile que nosotros conocimos chiquitito se va estirando, estirando y que ya los brazos no alcanzan por largos que sean para abrazar a un amigo que ya está en el Chile viejo». Eulogio Altamirano a Augusto Matte, Tacna 4 de noviembre de 188010 El 17 de setiembre de 1884 en el «Templo de la Inmortalidad» —espacio del Campo de Marte denominado así en honor de tan memorable fecha— miles de chilenos y chilenas se congregaron para rendir homenaje al ejército triunfador en la Guerra del Pacífico. La «transformación profunda y de consecuencias incalculables» experimentada a raíz de una guerra larga y fatigosa permitió el ingreso de la república de Chile a su «edad viril». El acto por el cual el antiguo satélite colonial abandonó su tradicional aislamiento para «aceptar la comunidad internacional con sus pasiones y sus intereses, sus zozobras y sus grandezas, sus solidaridades y sus antagonismos» no ocurrió por la «ciega fortuna» o el apoyo de «los dioses». En la ceremonia, celebrada por todo lo alto en vísperas del aniversario patrio, la contundente victoria fue asociada al valor de todos los que, en medio de la «amenazadora corriente» que la separaba de su edad adulta, llevaron a la patria en sus brazos. El «nuevo Chile» que surgió al amparo de una «entidad nacional» capaz de confrontar al enemigo en tierra y en mar, administrativa y militarmente no renegó de su pasado. Era por ello que en la apoteosis final de la victoria Isidoro Errázuriz hizo alusión al «cordón hermoso» tejido en «los 25

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